Por Emir Sader* – Página 12
Finalmente, de aquí a una semana, Brasil sabrá quién ganará estas elecciones. Una última fase que ha empezado con las entrevistas públicas de los dos candidatos y siguió con el primer debate público entre ellos.
Las entrevistas realizadas por TV Globo fueron un factor nuevo. Primero, el entrevistado fue Lula, que tuvo un desempeño aplaudido por los mismos comentaristas de la TV después de su realización. Con calma y con su conocida capacidad de tomar la iniciativa, no dejándose cortar la palabra, pero valiéndose de todo el tiempo posible, Lula tuvo un buen desempeño. Se sacudió las acusaciones sobre supuestas irregularidades y logró centrar la entrevista en las realizaciones de su gobierno y las perspectivas futuras para el país.
Al día siguiente, le tocó a Flávio Bolsonaro, que por primera vez tenía que exhibirse en público, de forma abierta. Hasta ese momento, Flávio solo aparecía con amenazas contra Lula, de que iría a desenmascararlo, tirarle en cara acusaciones en contra del presidente.
La entrevista fue el peor desastre que tuvo hasta ese momento que enfrentar Flávio. Él no supo contestar ninguno de los planteamientos que se le hicieron, sean las acusaciones públicas, con películas, que lo comprometen con Daniel Vorcaro, el banquero corruptor, pero también las escenas de sus comportamientos personales, con mujeres en una orgía. Así como Flávio no supo presentar ninguna propuesta para un eventual gobierno suyo.
A los sustos que los medios han pasado a tener, conforme Flávio había triunfado en primera vuelta, de manera sorprendente, y a partir de esa situación, él pasó a anunciar que cambiará la constitución; incluso para la duración de su mandato, se instaló un cierto pánico. El tema de la democracia en riesgo ha pasado a centralizar el debate en los medios.
Con un escenario en que las encuestas ya han pasado de empates técnicos a empates numéricos y, en algunos casos, han pasado a surgir encuestas con el liderazgo de Lula. Haciendo que la proyección hacia el transcurso de la última semana sea de que Lula asuma el liderazgo en las últimas encuestas.
Hasta que se llegó al debate directo entre los dos candidatos, que finalmente se ha concretado, después de que Flávio cambió de posición y decidió participar, cuando se dio cuenta de que su favoritismo había terminado.
Un debate que tuvo como rasgo específico el hecho de que los dos candidatos debieran preguntarse el uno al otro. Los temas fueron desde seguridad pública hasta la economía del país, pasando por los derechos de las mujeres, entre otros. Lula preguntó por qué Flávio ha votado en contra de la licencia de maternidad, reiteradamente, frente a la negativa de Flávio de justificar una cuestión indefendible, después de que dijera que defiende los intereses de las mujeres.
En un cierto momento, por ejemplo, Lula dijo que ha sido presidente de Brasil por 12 años y tiene un departamento de 190 metros cuadrados, que cuesta un millón y medio de reales. Mientras que Flávio tiene el mismo salario que él, pero ha comprado una casa al contado por 10 millones de reales, con financiamientos del Banco de Vorcaro, el banquero preso por el caso de corrupción más grande de Brasil.
Flávio abusó de la violencia y de la agresividad, lo que tuvo un efecto negativo justo entre los indecisos, que son disputados entre los dos.
Entre los efectos ya existentes del debate, hay uno que demuestra cómo la militancia –mucho más aguerrida y activa por parte del PT– puede ser determinante en el resultado final. En el Instagram de Lula se produjeron 10 videos sobre el debate, mientras que entre los adeptos de Flávio hubo 3 videos. 2,8 millones de comentarios en el de Lula, en contra de apenas 84 mil entre los de Flávio. 14,7 millones de interacciones en el de Lula, 1,5 millones entre los de Flávio. Finalmente, 76,7 millones de reproducciones en el de Lula, 12,9 millones en el de Flávio.
Quedó evidenciado que se trata de la confrontación entre un presidente de Brasil, con gobiernos de éxito, reelegido, frente a un aventurero que nunca ha gobernado nada, que defiende la herencia de su padre, que no ha dejado nada relevante.
El debate no cambia nada de la evolución de la situación, que entra así en su última semana. El debate se ha realizado exactamente el domingo anterior a la votación. Con la perspectiva de que las próximas encuestas muestren a Lula en el liderazgo.
Las imágenes que quedan son las de un estadista, calificado como gobernante de Brasil, y un tipo absolutamente no preparado, no solo como dirigente político, sino también como ser humano.
Ahora a aguardar a las últimas encuestas, que deben salir el jueves, buscándose acercar al máximo al resultado final, que definirá quién ganará las elecciones y gobernará a Brasil por los próximos cuatro años.
Mientras siguen desarrollándose las manifestaciones más grandes que el país haya conocido a lo largo de las grandes ciudades brasileñas, de apoyo a Lula y de rechazo al candidato opositor, como escenario de masas.
*Sociólogo y politólogo brasileño.
