Nicolas Baverez*
Ha llegado el momento de que Europa responda al reto político, estratégico y moral de Viktor Orban
Casi 30 años después de la caída de la Unión Soviética, tenemos una democracia frágil y que vive la crisis más seria desde la década de 1930. Es el objetivo preferido del yihadismo y de los intentos de expansión de las democraturas —China, Rusia, Irán, Turquía, entre otras— y ve cómo se desmoronan los principios e instituciones que sostenían su seguridad: la protección de Estados Unidos, la disuasión nuclear, las alianzas estratégicas, los tratados de libre comercio y el multilateralismo.
Pero el mayor peligro está dentro. Es la presencia del populismo y la democracia iliberal, según el modelo desarrollado por Viktor Orbán. Conviene prestar más atención a Hungría, porque ha sido muchas veces el laboratorio de grandes transformaciones históricas y políticas.
En el periodo de entreguerras, el almirante Horthy inauguró los regímenes autoritarios con una combinación de hipernacionalismo, oposición a los tratados de paz y xenofobia contra judíos y gitanos, antes de aliarse con la Alemania de Hitler. En 1956, la insurrección de Budapest fue sangrientamente reprimida por la intervención soviética.
En 1989, la primera de las revoluciones de terciopelo que derribaron el telón de acero se produjo en Hungría, que pasó después a simbolizar la unidad, la soberanía y la libertad del continente al incorporarse a la OTAN en 1999 y a la UE en 2004.
Desde su triunfo en las elecciones legislativas de 2010, Viktor Orbán construye metódicamente un nuevo tipo de régimen: la democracia iliberal, una mezcla de culto al hombre fuerte, partido único —Fidesz— y manipulación electoral. Todo ello, acompañado de una gran propaganda de exaltación del nacionalismo y la hostilidad a la UE y a los inmigrantes.
La Constitución masivamente aprobada en 2011 y las miles de leyes posteriores aseguran el control de la justicia, la educación y los medios, el desmantelamiento de cualquier oposición y el sometimiento de la sociedad civil. Con el pretexto de defender los intereses económicos nacionales, la economía ha quedado en manos de oligarcas próximos a Orbán, que monopolizan la financiación de la UE. La piedra angular del régimen es la corrupción, que impide el desarrollo económico.
Esta democracia iliberal se está exportando a otros países del grupo de Visegrado; a Polonia, con Jaroslaw Kaczynski; la República Checa, con Milos Zeman y Andrej Babis, y Eslovaquia, con Robert Fico.
Por eso ha llegado la hora de que Europa responda al reto político, estratégico y moral de Viktor Orbán.
Este nuevo tipo de régimen no es marginal ni va a desaparecer a corto plazo, porque se apoya en unas fuerzas poderosas y duraderas: el miedo a la sociedad abierta y la revolución tecnológica, el malestar cultural e identitario, el sentimiento de desposesión y las pasiones nacionalistas y religiosas.
La Unión Europea, ante este ataque frontal, no puede mantenerse en la impotencia ni seguir subvencionando con los fondos estructurales a los autócratas y oligarcas que quieren destruirla. Con la oposición interna aniquilada, Europa debe organizar la resistencia exterior.
La lucha contra la democracia iliberal debe seguir una estrategia coherente en torno a cuatro ejes. En el plano financiero, hay que seguir la pista de los fondos estructurales e intentar recuperar las sumas entregadas de forma irregular a los oligarcas. En el plano jurídico, las transferencias europeas deben estar condicionadas al respeto a los valores y los principios jurídicos de la UE. En el plano estratégico, hay que excluir a las democracias iliberales de la futura Europa de la defensa, porque no puede haber seguridad común con países que rechazan los valores comunes de la Unión. En el plano político, se debe expulsar a Fidesz del Partido Popular Europeo.
Pero no basta con las sanciones. Además, la UE debe reformarse para responder a estos ataques. Debe promover un crecimiento inclusivo. Debe atender a la exigencia legítima de protección y seguridad. Reafirmar la soberanía comercial, fiscal, medioambiental y digital de Europa. Recuperar el control de sus fronteras y de los flujos migratorios.
Ahora que la democracia vuelve a ser vulnerable, especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña, Europa tiene una responsabilidad histórica. El reto de la democracia iliberal es una prueba trascendental que se resolverá con su resignación a un vago alivio o su movilización para defender la libertad en el siglo XXI.
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* Ensayista francés; Doctor en Historia y en Ciencias Sociales. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Artículo en seccción Opinión de El País, 26, feb. 2018
Anexos sobre fragilidad de la libertad y la democracia en Hungría:
- El gobierno húngaro intenta asfixiar a las organizaciones críticas que todavía se atreven a denunciar las violaciones de derechos humanos
Por Amnistía Internacional
El gobierno húngaro ha presentado un conjunto de proyectos de ley que si fueran aprobados tendrían un efecto devastador y paralizador en la sociedad civil.
El paquete legislativo propuesto se enmarca en un panorama más amplio de represión contra los derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil en Hungría, que llevan años siendo blanco de ataques. Se busca castigar el trabajo legítimo de los grupos de la sociedad civil que defienden los derechos humanos, facilitan servicios jurídicos y sociales y ofrecen apoyo a personas que buscan protección internacional.
El objetivo del gobierno es simple y claro: silenciar a las ONG independientes y abiertamente críticas, entre las que figuran organizaciones como Amnistía Internacional Hungría, la Unión Húngara por las Libertades Civiles y el Comité Húngaro de Helsinki, entre otras.
Julia Ivan, directora de Amnistía Internacional Hungría :
LAS LEYES PROPUESTAS AMENAZAN LA PROPIA EXISTENCIA DE ORGANIZACIONES QUE REALIZAN UNA LABOR FUNDAMENTAL EN HUNGRÍA.
En los últimos años, Hungría ha venido restringiendo duramente el acceso de personas refugiadas y migrantes al país, y el gobierno ha llevado a cabo campañas de desprestigio contra ONG y grupos de la sociedad civil. Esta foto fue tomada en septiembre de 2015 en Horgos, en la frontera serbohúngara, cuando la policía antidisturbios usó gas lacrimógeno y cañones de agua para repeler a las personas migrantes que intentaban atravesar por una valla de alambre de cuchillas.
- Una victoria local en Hungría da esperanza de oposición contra Orban
La Vanguardia – Agencias
La sorprendente derrota del Fidesz en una ciudad que dominada desde hace mucho tiempo podría marcar una nueva etapa en la campaña a las elecciones del 8 de abril
Un candidato apoyado por varios partidos de oposición en Hungría fue elegido alcalde de una ciudad del sur durante mucho tiempo dominada por el partido Fidesz del primer ministro Viktor Orban.
Los analistas dicen que la sorprendente victoria de Peter Marki-Zay en Hodmezovasarhely podría marcar una nueva etapa en la campaña que conduce a las elecciones parlamentarias del 8 de abril en el país. Una oposición unida podría tener una oportunidad contra la Fidesz de Orban a pesar de la importante ventaja del partido en las encuestas de opinión.
”A partir de ahora, la oposición puede creer, ya sea cierto o no, que no está jugando al viejo juego donde no tiene oportunidad de ganar”, ha escrito el analista Gabor Torok en su web. “En cambio, está comenzando una nueva partido, donde si se salta al campo con tácticas inteligentes, su situación no es desesperada”.
Marki-Zay, quien recibió el 57.5 por ciento de los votos, en comparación con 41.6 de su rival, el candidato de Fidesz Zoltan Hegedus, dijo que su victoria muestra que “hay una enorme demanda de cese de la corrupción, las mentiras y la intimidación en el país”.
”Este es el poder del amor, no el amor al poder”, dijo Marki-Zay, candidato independiente de derechas que concurrió con el apoyo de la mayoría de la oposición. “Hodmezovasarhely ha hecho historia”.
Su victoria fue sorprendente en parte porque la ciudad es también la ciudad natal del jefe de gabinete de Orban, Janos Lazar, quien fue alcalde allí durante más de una década hasta el 2012.
