Por Javier Vadell* – Tektónicos
70 años de la semilla del renacer del Sur Global.
Introducción — Del momento fundacional a la coyuntura estratégica
En abril de 1955, veintinueve Estados asiáticos y africanos recientemente descolonizados se reunieron en Bandung, Indonesia, para participar en la Conferencia Afroasiática. Surgidos de la crisis del imperialismo y en un contexto de intensificación de la Guerra Fría, estos Estados rechazaron la premisa de que su papel en la política mundial debía ser derivado o subordinado. En otros términos, no se reunieron para a pedir un lugar en la mesa del poder mundial, sino para construir otra mesa. Rechazaron la lógica de la Guerra Fría, que los obligaba a elegir entre Moscú o Washington, y lanzaron al mundo un conjunto de principios que hoy suenan sorprendentemente actuales: los cinco principios de coexistencia pacífica, también conocidos como Panchsheel e inicialmente acordados entre la República Popular de China y la India en 1954. Los cinco principios fueron formalizados en la Conferencia de Bandung en 1955 y constituyen la base de las relaciones internacionales entre países del Sur Global
1. Respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial
2. No agresión
3. No intervención en los asuntos internos de otros Estados
4. Igualdad y beneficio mutuo
5. Coexistencia pacífica
El objetivo de las naciones participantes no era integrarse de manera subordinada al orden bipolar existente, sino articular principios alternativos que luego serían conocidos como “Espíritu de Bandung” que conjugarían la solidaridad anticolonial, la igualdad soberana, la justicia racial y el desarrollo como vía de emancipación.
Setenta años más tarde, en medio de un proceso transicional de caos sistémico, dónde las múltiples crisis se reproducen en diversas dimensiones: crisis geopolíticas, climáticas, sobreendeudamiento de países en desarrollo, dependencia digital, embestidas imperialistas en el Sur Global en medio de una renovada rivalidad entre grandes potencias, el espíritu de Bandung reaparece no solo como una conmemoración histórica, sino como una inspiración, y un norte normativo para los países del Sur Global.
De esta manera, algunas cuestiones claves se suscitan: ¿ha avanzado el Sur Global hacia un proyecto colectivo inclusivo y soberano? ¿Se ha cumplido o ha fracasado la promesa del desarrollo social? ¿la expansión de BRICS hacia BRICS Plus constituye la realización institucional de las aspiraciones de Bandung, o un alejamiento de ellas?
Quizás no está a nuestro alcance responder asertivamente a estos interrogantes, no obstante, entendemos que el año 2025 constituye una coyuntura histórica que exige no solo una remembranza de la conferencia afroasiática, sino también una renovación conceptual. En este sentido, proponemos la noción de un “Bandung Plus” que representaría un marco que preserva los fundamentos éticos de Bandung mientras reconfigura su alcance para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
El análisis se desarrolla en tres partes:
Bandung y sus derivaciones institucionales: logros y limitaciones
Bandung constituyó una ruptura política y epistemológica. Su comunicado final articuló diez principios —soberanía, no injerencia, no agresión, igualdad— que resonaban en consonancia con la Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, sus contribuciones más duraderas fueron institucionales e ideacionales más que jurídicas.
Dos grandes formaciones emergieron de este impulso:
1. El Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) de 1961
Institucionalizó la autonomía estratégica, desafiando el imperialismo, el apartheid y la hegemonía nuclear. Además, reformuló el no alineamiento como agencia activa y no como una neutralidad pasiva.
2. El Grupo de los 77 (G77) de 1964
Es creado junto a la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) y buscó una participación más equitativa en la gobernanza económica global, promoviendo la transferencia tecnológica, precios justos de materias primas y un trato especial para los países menos desarrollados.
Juntos, el MNOAL y el G77 catalizaron las demandas de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) durante los años de 1970. El NOEI promovió propuestas para reestructurar los regímenes globales de comercio, finanzas y propiedad intelectual en favor de la justicia del desarrollo. El proyecto tuvo éxitos parciales: el colonialismo fue deslegitimado, la discriminación racial condenada y los países en desarrollo ampliaron su presencia institucional.
Sin embargo, la Cumbre de Cancún (1981), que se esperaba inaugurara negociaciones sustantivas entre el Norte desarrollado y el Sur Global, colapsó ante la resistencia occidental. La crisis de la deuda mexicana de 1982 desencadenó un descalabro financiero regional, seguido por los programas de ajuste estructural del FMI y del Banco Mundial, que desmontaron las estrategias de desarrollo lideradas por los Estados en desarrollo y subordinaron las prioridades nacionales a la condicionalidad externa.
El NOEI no fue derrotado militarmente: fue neutralizado mediante la deuda, la austeridad y la condicionalidad en pleno comienzo de una globalización neoliberal que se reforzaría con la implosión de la Unión Soviética. Con el ascenso de la globalización neoliberal en los años noventa, el Sur Global se fue fragmentando y despolitizado cada vez más, y el espíritu de Bandung se declaró obsoleto.
Más allá del declive: BRICS, BRICS Plus y el giro multipolar
El siglo XXI se inicia reordenando las expectativas. La crisis financiera global de 2008 expuso debilidades estructurales de la gobernanza financiera occidental y cuestionó la supuesta estabilidad de un mundo unipolar con el neoliberalismo como bandera ideológica. Paralelamente, el ascenso económico de China, el dinamismo demográfico y tecnológico de India, el liderazgo regional de Brasil y el activismo diplomático de Sudáfrica generaron condiciones para el surgimiento de los BRICS.
Fundado en 2009 (con la adhesión de Sudáfrica en 2010), el grupo inicialmente enfrentó escepticismo. No obstante, desarrolló infraestructuras institucionales tangibles:
– El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD, 2014): enfocado en el financiamiento de infraestructura sin las condicionalidades tradicionales de las instituciones occidentales
– El Acuerdo Contingente de Reservas (ARC): un mecanismo de liquidez para crisis de balanza de pagos
– Declaraciones anuales que apoyan la reforma de la ONU, reforma de instituciones financieras para una mayor representación del Sur Global, el multilateralismo y la justicia climática.
La importancia estratégica del bloque cambió entre 2023 y 2024 con la admisión de Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Indonesia posteriormente, como miembros plenos de BRICS, ampliando enormemente su base geográfica, civilizatoria y de recursos (el plan incluyó a Argentina, pero con el cambio de gobierno de Alberto Fernández a Javier Milei, este último rechazó el convite por su alineamiento con Estados Unidos). Además, fue creada la figura de miembro asociado a los BRICS dónde se incorporaron: Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam. El poder de atracción de BRICS Plus es tan importante que más de cincuenta países expresaron interés en ingresar al agrupamiento, perfilando a la institución como un espacio central cooperación entre las potencias emergentes y el Sur Global, con propuestas para una gobernanza mundial inclusiva, multilateral, soberana y más democrática.
A diferencia del MNOAL, el BRICS Plus no persigue un no alineamiento uniforme. Sus miembros divergen en temas como los conflictos de Ucrania, Palestina y otros conflictos regionales. Más bien, el BRICS Plus encarna un pluralismo pragmático: cooperación selectiva entre Estados que buscan desarrollo soberano y mayor multilateralismo.
A pesar de los caminos divergentes e intereses atravesados, podemos expresar que existen aspiraciones compartidas entre los miembros del BRICS Plus que se va constituyendo como un pilar geopolítico crucial de un nuevo tipo de globalización más inclusiva y cooperativa que pretende superar la globalización neoliberal y el viejo Orden Internacional Liberal. Este viejo orden hoy es un espejismo que no puede ocultar más la dominación predatoria de los intereses imperialistas de los Estados Unidos, incapaz de ofertar bienes públicos globales como otrora. El orden basado en reglas es descartado por la agresividad unilateral expresado en el documento de la Estrategia de Seguridad Internacional de los Estados Unidos, publicado en noviembre de 2025. En ese documento, la política externa de Estados Unidos renuncia definitivamente al “no intervencionismo” como pregonado por los “padres fundadores” de país. La injerencia en los asuntos internos de otros países es la regla y con métodos variados: guerras híbridas, sanciones e intervenciones militares. Una estrategia de repliegue con una receta “anti Bandung” y con claros signos imperialistas.
Conclusiones: ¿Bandung Plus hacia un proyecto renovado del Sur Global?
Como respuesta a este escenario geopolítico peligroso para los países del Sur Global, los países del BRICS Plus pretenden crear las condiciones de mayores márgenes de autonomía política para promover experiencias de desarrollo soberanas. De la misma manera, la idea de un “Bandung Plus” proporcionaría el horizonte normativo que se contraponga al unilateralismo, intervencionismo e imperialismo de una dominación sin tapujos propuesta por los Estados Unidos de la administración Trump. El Bandung Plus, por lo tanto, no es solo un rechazo a la prepotencia de la violencia, sino también una mutación evolutiva en un mundo multicéntrico.
En este sentido, proponemos seis pilares fundamentales de resistencia programática para un Bandung plus:
1. La Justicia ecológica
Que implicaría a institucionalización de mecanismos públicos de pérdidas y daños, para promover canjes de deuda por naturaleza y garantizar acceso equitativo a tecnologías verdes.
2. Promoción de la Soberanía digital
Construcción regímenes de gobernanza de datos liderados por los Países del Sur Global, para impulsar la innovación de código abierto y desarrollar estándares digitales basados en las necesidades de los países.
3. Comunidad global de futuro compartido
Fomentar normas ampliamente reconocidas de relaciones internacionales, respeto mutuo y seguridad cooperativa, no intervención y convivencia civilizatoria.
4. Democratización institucional
Reformar la ONU y las instituciones de Bretton Woods; promover sistemas de voto ponderado por población y necesidades de desarrollo; y formalizar espacios para la sociedad civil.
5. Solidaridad pluralista
Impulsar un modelo de compromiso basado en principios: cooperar donde existan intereses comunes evitando formas coercitivas de alineamiento.
6. Iniciativa para una gobernanza global inclusiva
Fortalecer a las Naciones Unidas para consolidar una arquitectura de gobernanza más eficaz y representativa.
Bandung Plus no debería ser solo un esfuerzo estatal. Su viabilidad también depende de la articulación con movimientos sociales, sindicatos, comunidades religiosas y redes juveniles, reafirmando el compromiso original de Bandung con un desarrollo hecho por y para los pueblos.
El septuagésimo aniversario de Bandung no debe reducirse a una celebración nostálgica, sino que exige una evaluación crítica de sus logros y limitaciones, junto con un renovado compromiso con un proyecto emancipador inconcluso.
La generación de Bandung dejó un legado y comprendió que:
– la soberanía sin desarrollo es una expresión vacía;
– el desarrollo sin solidaridad reproduce la dependencia;
– y la solidaridad sin expresión institucional es efímera.
El BRICS Plus presenta un reservorio inédito de potencial institucional. Pero este potencial solo adquiere sentido cuando está firmemente anclado en las bases éticas de Bandung.
Una agenda Bandung Plus exige, por tanto, a transformar la memoria en mandato y la conmemoración en inspiración de convivencia civilizatoria en un orden mundial más justo, plural y ecológicamente sostenible.
*Javier Vadell, Especialista en temas internacionales. Profesor del Departamento de Relaciones Internacionales y Coordinador de la especialización en China contemporánea de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais. Licenciado en Relaciones Internacionales de la UNR y Doctor en Ciencias Sociales en la UNICAMP, Brasil.
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