China: Interrogantes

Por Luis Casado*

Frente a los desastres causados por el neoliberalismo, hay quien se aferra a lo que encuentre, aunque se trate del capitalismo de Estado. El comportamiento de China en el ámbito internacional, y su modelo de desarrollo, generan algunas interrogantes

A estas alturas de la vida comienzas a ponerte (aun más) descreído, escéptico, incrédulo, suspicaz, a veces cínico (a la manera de Antístenes), o bien –para ponerlo en una fórmula popular–, terminas por no creer ni en tu madre.

El nihilismo acecha: después de viajar por el mundo, venir de regreso de abundantes lecturas y debates ideológicos, participar de pocas victorias y abundantes derrotas, conocer mucho transeúnte-político-Cambalache-remunerado-mayormente-por-cagarse-en-lo-que-dice-haber-adorado, cuesta entusiasmarse con la enjundia de la adolescencia: hay una cierta tendencia a ponerse viejo rezongón y a pensar –con Leo Ferré– que Avec le temps on n’aime plus…

De la ciencia aprendiste que hay que razonar contra el cerebro y que las percepciones de los sentidos suelen inducir a engaño, que no todo lo que brilla es oro, que el equilibrio es la muerte. En suma, que solo te puedes apoyar en lo que resiste, que más vale equivocarte solo, a participar como borrego en lo que el emoliente consenso da por sentado. Y si por acaso aciertas y le das el palo al gato, sigues solo, aun más solo, generando indiferencia que es un modo de decir que no generas ni la más pinche reacción, o sea nada.

Tales reflexiones surgieron de la lectura de un artículo en Global Times, diario cuyo editor es El Cotidiano del Pueblo (Beijing) y refleja fehacientemente la opinión del Partido Comunista chino.

En África abundan los golpes de Estado y las amenazas islamistas, sobre todo en las áreas bajo control ‘occidental’, yanqui o francés (o sea yanqui), y la nota se refiere al alzamiento de las tropas de elite de Guinea Conakry que, en una hazaña muy propia de milicos, depusieron al presidente de ese país. No voy a contar la larga historia de la ‘independencia’ de Guinea Conakry –acaecida el 2 de octubre de 1958– y el acoso sufrido a partir de entonces por parte de Francia, el entonces imperio colonial (Conakry es la capital de Guinea, y al mencionarla evitas la confusión con Guinea Ecuatorial y con Guinea-Bissau…).

Lo que llamó mi atención fue que la reacción china estuvo muy en línea con la de Beijing ante la llegada de los talibanes a Kabul. Hela aquí: “Los riesgos para los proyectos chinos del golpe de Estado en Guinea son manejables.” Si el titular te parece ambiguo, lo que sigue tiene una claridad que encandila:

“La toma del poder por los militares es un test para la habilidad China de proteger sus intereses en el extranjero, dijeron los analistas el lunes, mientras la segunda economía mundial invierte cada vez más recursos en África, los que totalizaron US$ 110 mil millones al año 2019.”

Mientras el ejército yanqui salía de Kabul con el orden y la tranquilidad que sabemos, las inquietudes chinas tenían que ver con la suerte que correrían sus inversiones mineras en Afganistán. Eso explica que Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores chino, haya recibido una delegación talibán en Tianjin poco antes de la caída de Kabul. Tú ya sabes: las cuentas claras conservan la amistad, y la desdicha del prójimo hace la felicidad propia…

No vayas a pensar que China se inquieta solo de sus capitales: también dio a conocer su posición diplomática, coherente con los principios que defiende en el ámbito de las relaciones internacionales.

“Wang Wenbin, vocero del ministerio de RREE dijo el lunes, en una conferencia de prensa de rutina, que China se opone a todo intento de tomar el poder mediante golpes de Estado y llama a la inmediata liberación de Alpha Condé, presidente de Guinea. ‘Llamamos a todas las partes’, agregó, ‘a una actitud prudente, a tener presentes los intereses fundamentales de Guinea, y a resolver todos los problemas a través del diálogo y las consultas’”.

Al leer esto me pregunté si cuando el golpe de Estado en Chile, China hizo una declaración del mismo talante.

Chile no es Guinea Conakry, Alpha Condé no es asimilable a Salvador Allende, aquello fue en septiembre de 1973 y lo de ahora en septiembre de 2021. Pero China respeta con fidelidad y coherencia el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, ahí donde ‘occidente’ teorizó y practica el hipócrita “derecho de injerencia humanitaria”. El resultado es conocido: a la muerte de Salvador Allende como consecuencia del golpe de Estado, China mantuvo las relaciones diplomáticas con el Chile de la Junta Militar.

En un microsegundo pasó por mis neuronas la incongruente e improbable escena en la que, sin torturar a nadie, las FFAA se reunían con representantes de la UP “a resolver todos los problemas a través del diálogo y las consultas”. Dudo que algún general felón hubiese tenido la más mínima autonomía de vuelo, o alguna capacidad de decisión sin la anuencia de Washington.

El golpe en Conakry, como los dos últimos golpes de Estado en Bamako (Mali), y el descalabro en Afganistán, son el resultado del fracaso de las políticas de dominación del “mundo libre”.

Las interrogantes que asedian mi pensadora tienen que ver con la actitud de China.

Charles de Gaulle, que –por experiencia– sabía de qué hablaba, solía decir: “Los países no tienen amigos. Solo intereses”. China los tiene, qué duda cabe. Legítimos sin duda. Hasta donde China no pisotee los derechos de otros países. Las cuantiosas inversiones chinas, incluyendo las realizadas en la Unión Europea y en EEUU, no están guiadas por los principios de la hermandad socialista, ni obedecen al llamado del Manifiesto “Proletarios de todos los países, uníos”: son solo negocios.

Cuando un conglomerado chino compra acciones de SQM, –empresa pública saqueada por el yerno de Pinochet que financia a buena parte de la costra política parasitaria chilena–, no lo hace para restituirle a Chile su patrimonio pirateado. Cuando otra empresa china compra una distribuidora de energía eléctrica no es con el propósito de devolverle a Chile lo construido con capitales públicos. It’s just business…

Algún visionario me ha explicado que todo aquello forma parte de la construcción del “socialismo con características chinas”. Si entendí bien, la dirección del PCCh, que ha dado innumerables pruebas de su eficiencia y sabiduría, actúa como un Chef gastronómico.

Para incrementar la producción industrial y agrícola echa mano al más eficaz ingrediente de la historia de la Humanidad: el modo capitalista de organización de la economía (no lo digo yo, lo dijo Karl Marx). Si faltan materias primas, las busca allí donde están, en el Tercer Mundo. Para ahorrar tiempo y esfuerzo compra empresas tecnológicas del Primer Mundo. No es que China no pueda desarrollarlas: se trata de ganar tiempo. Hasta ahí, nada que no hayan hecho British Petroleum o Amazon.

Cuando los enanos que movilizan y acrecientan los capitales –los empresarios– se salen de madre, la alta dirección del PCCh “rectifica” los aliños, echa más agua en la sopa, baja el fuego, modifica la receta y –sobre todo– les recuerda a los enanos quien es el (verdadero) patrón. Hecho inédito, ignorado por los pinches economistas: en China prima la política por encima de la teoría económica. Los resultados están a la vista.

Nuestro amigo Sergio Rodríguez Gelfenstein afirma: “Las formas y métodos de construcción del socialismo no están escritos en ninguna parte”, lo que nos recuerda la epístola de San Pablo a los Romanos: “¡Qué profundidad en la riqueza, la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Sus decisiones son insondables, sus caminos son inescrutables!”

Sergio agrega: “… a finales de 2020, China también contaba con 5,28 millones de ‘ricos’, con un patrimonio familiar superior al millón de dólares. En 2020, el 1% más rico de los chinos poseía el 30,6% de la riqueza del país, frente al 20,9% de hace dos décadas, según un informe de la empresa de servicios financieros suiza Crédit Suisse con sede en Zúrich.”

Ahí es donde interviene el Chef, Xi Jinping, quien corrige el cursor, desplaza el fiel de la balanza y manda a parar. Porque… “En términos prácticos, tal hecho ha dado lugar a un aumento de la brecha de ingresos en el país. El coeficiente Gini de ingresos ha oscilado entre el 0,46 y el 0,49 en las dos últimas décadas.”

Como de seguro sabes, el índice de Gini, o coeficiente de Gini, mide la justicia relativa de la distribución de la riqueza en un país. Varía entre cero (igualdad perfecta) y uno (desigualdad extrema). En otras palabras, mientras mayor es el índice de Gini, mayor es la desigualdad entre ricos y pobres. En la OCDE el promedio es de 0,32 mientras Chile, que ostenta uno de los peores índices del mundo, supera el 0,50.

Con un 0,49 China se sitúa en un nivel apenas mejor que el de Chile. Tal vez eso explica que Xi Jinping y el PCCh se propongan ahora “regular los ‘ingresos excesivos’ y los ‘ingresos no razonables’, animando a las grandes empresas y a los millonarios a ‘devolver más a la sociedad’”. ¡Ya era tiempo!

Después de un periodo de acumulación que produjo el formidable desarrollo de China, ha llegado el momento –eso parece– de distribuir mejor la torta en pos de «la prosperidad común». Sergio precisa:

“Un día después de la reunión del Comité Central, el gigante tecnológico Tencent anunció que había creado un fondo de ‘prosperidad común’ de más de 7 mil 700 millones de dólares para ‘ayudar a los grupos de bajos ingresos, mejorar la cobertura sanitaria, impulsar el desarrollo económico rural y apoyar la educación de base’”.

Uno parece estar viendo la Fundación de Bill y Melinda Gates en sus charities:

“La Fundación Bill y Melinda Gates tiene como objetivo alcanzar la igualdad en el acceso a la salud y la educación en todo el mundo a través del apoyo a diferentes trabajos en más de cien países, a los que destina más del 70% de sus donaciones.”

No sé tú, pero yo apenas logro contener las lágrimas de la emoción…

Ya se verá si el empeño redistribuidor del gobierno chino se plasma en la realidad: cobrar impuestos es mala señal para la inversión directa extranjera, fuente de buena parte de la inversión productiva china. En las últimas décadas hemos asistido a una verdadera competencia en materia de reducción de la carga impositiva de las empresas por parte de los países del orbe. El high yield (alta rentabilidad) es uno de los principales criterios que mueve capitales de un sitio a otro. Las desigualdades sociales forman parte de las consecuencias.

En todo caso, la conducción política china lanzó acciones muy reales contra los excesos de los más poderosos grupos financieros e industriales chinos. No solo por razones económicas, o de abusivas prácticas comerciales (el capitalismo es el capitalismo, incluso en China), sino también culturales.

Michel Santi, un economista europeo no tan asopado (POLITIKA ha publicado algún trabajo suyo), destaca la lucha del gobierno chino contra lo que llama “el opio espiritual”. En efecto, China le ha declarado la guerra a sus propias empresas tecnológicas, muy dadas a copiar el modelo alienante de ‘occidente’.

“Desde febrero, la capitalización de sus grandes empresas como Tencent, Alibaba, Kuaishou Technology y Meituan perdió un billón de dólares. El índice bursátil Hang Seng Tech, que reúne a las más importantes empresas tecnológicas del país, se hundió en un 45%. Los grandes patrones desaparecen durante semanas, incluso meses. Como Jack Ma, fundador del gigante del comercio en línea Alibaba, convocado a una reunión con miembros del gobierno y cuya prolongada ausencia hizo pensar en una condena a trabajos forzados, que recibió finalmente una multa que se cifra en decenas de miles de millones de dólares.” (Michel Santi. La Chine en guerre contre l’opium spirituel. 12 sept.).

Desde luego Alibaba no es una excepción: otras empresas de la llamada “fintech” han sido objeto de “rectificación”, como las del grupo Didi (el Uber chino) o ByteDance, conglomerado dueño de TikTok.

Se trata de ponerlas en el camino que conduce a un “desarrollo durable y sano” de la economía y de la sociedad chinas y de impedir que surjan centros de poder alternativo. Michel Santi lo explica claramente:

“De un cierto modo la postura china se asemeja a la –muy minoritaria en EEUU– que estima que Facebook o Google (como Alibaba y Tencent en China) no tienen valor añadido, que viven de sus rentas, que producen muy poco en comparación con sus beneficios. En realidad, disciplinar la globalidad de su sector tecnológico indica la definición de una política nacional china centrada en prioridades más vitales para la nación que las redes sociales, los juegos, el consumo y las diversiones. La estrategia de crecimiento rápido de los años 1990 y 2000 que consistió en que los recursos vitales, tecnológicos y humanos fuesen monopolizados por un sector dedicado casi exclusivamente a necesidades fútiles, se terminó”.

Visto así, no parece un mal camino. Uno se pregunta qué ‘riqueza’ suplementaria pudiesen crear diez Twitter, veinte Facebook, o cien Tik Tok… La respuesta puede encontrarse mediante una ‘experiencia del pensamiento’, esas que no necesitan laboratorio: imagina que mañana desaparecen Twitter, Facebook y Tik Tok… ¿Sería más pobre el mundo?

China, confrontada a los EEUU –potencia hasta ahora hegemónica–, y a su cohorte de satélites ‘occidentales’, es consciente de su fuerza, del potencial que le ofrecen su población y los mercados exteriores. Es lógico que no quiera dilapidar la inteligencia y el dinamismo de su juventud en el desarrollo, la comercialización y el soporte de tecnologías concentradas en lo insustancial y lo pueril. Michel Santi opina que China desea concentrarse en la construcción y el fortalecimiento de su poderío financiero, económico, industrial, comercial, militar y geopolítico.

Eso exige del Estado una participación que no está necesariamente vinculada a la intervención directa en la actividad productiva y/o financiera: se trata de definir políticas de mediano y largo plazo y llevarlas a cabo poniendo todo el aparato productivo y financiero al servicio de ese objetivo. Lo dicho: prima la política por sobre la economía. El mercado no es quien asigna los recursos, ni fija el rumbo, ni las prioridades, ni los objetivos. Quien maneja la batuta es el Estado.

De dónde surgen otras interrogantes relacionadas con el respaldo que el pueblo chino está dispuesto (o no) a darle a quienes conducen el país. Y también con el resultado previsible de las políticas implementadas, políticas que hasta ahora han cumplido el objetivo de desarrollar la economía china. Y desde luego con la distribución de la riqueza creada con el esfuerzo de todos: las cifras mencionadas más arriba indican que se trata de una tarea pendiente. De cara a esa tarea, es imposible olvidar que lucro y salarios son inversamente proporcionales. Cuando uno sube, el otro baja. La ‘atractividad’ de una economía de cara a los capitales depende críticamente del nivel de salarios.

Aún me queda una interrogante: ¿esto es lo que llaman socialismo?

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*Editor de POLITIKA. Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos.