Roberto Savio*
Mesa redonda sobre “’El Problema de la acción”, Diciembre 2017.
Antes que nada, para poder hablar de futuro, es fundamental mirar al pasado. Como Paul Raskin escribía en sus apuntes, tenemos que estar unidos para enfrentar un futuro compartido; pero también es necesario estar unidos en un pasado compartido. Compartir el pasado consta en dos fases, ambas con un enorme impacto en la sociedad.
La primera fase se refiere al Consenso de Washington y a la fe neoliberal, que se transformó en un “pensée unique” en el 1989, año de la caída del muro de Berlín. La Historia se concluía con los nuevos acólitos, sus creencias y sus esperanzas. Esto conllevó a una movilización de protesta sin precedentes, con un Foro Social a nivel mundial. Alrededor de 100,000 personas pagaron ya sea el pasaje y la estadía para poder estar juntos, para compartir una misma identidad de Resistencia al “pensée unique”, y afirmar que construir otro mundo era posible.
En las dos décadas sucesivas, casi todos estaban condicionados en el ver la avidez como el valor individual más importante. Se necesitó bastante tiempo para descubrir que los factores macroeconómicos no tomaban en cuenta los daños sociales y estructurales causados por la globalización neoliberal. En el 2006 la conferencia de las “Instituciones de Bretton Woods” (FMI, Banco Mundial, BID) empezó a denunciar el rol que diversos países jugaban; y desde mi punto de vista, ese fue el fin de la credibilidad del Consenso de Washington (aunque aún siguió manteniendo en parte su poder).
La trayectoria de la comunidad global en esas dos décadas empezó a moverse hacia nuestra dirección. La crisis financiera que inicialmente golpeó a los Estados Unidos en 2007, para luego llegar a Europa en 2009 instauró un miedo común que se difundió en todos los países.
Después de la intervención occidental en Irak, Siria y Libia, en consecuencia de la cual, si por un lado Europa lanzó bombas, por el otro se transformo en el destino de los refugiados, y el miedo del futuro resucitó sentimientos nacionalistas, populismos y xenofobia que hasta ese momento habían sido minoritarios
Pues bien, ¿qué significa esto entonces en la perspectiva de la Gran Transición, y que cosa deberíamos hacer?
Antes que nada, es necesario superar el aspecto meramente académico y poner en contacto a los nuevos protagonistas. Después de casi treinta años, la idea de los movimientos sociales ha perdido un poco de fascino. El Foro Social Mundial (FSM) se encuentra en una profunda crisis existencial. ¿Por qué?
Porque los guardianes del Talmud (aquellos que no quieren cambiar ni siquiera un punto de los principios del texto original) han hecho muchos esfuerzos para separar el FSM de todas las otras fuerzas políticas por miedo a contaminarse. Consecuentemente el FSM se transformó en algo de ejercicio espiritual: te encuentras a meditar, a hacer tus ejercicios espirituales, y te conviertes en una persona mejor, con un empeño más profundo después de haber encontrado tantas personas como tú.
Segundo, es necesario que nosotros hagamos mejor nuestro trabajo de poner en contacto todos los movimientos sociales existentes. El sociólogo luso Boaventura de Sousa Santos acuñó el concepto de “traducción” en el contexto del FSM. ¿Cómo podemos “traducir” el movimiento feminista en el movimiento de los pueblos indígenas? Ellos tienen distintas prioridades: el movimiento feminista tiene como objetivo poner fin al sistema patriarcal; el movimiento de los pueblos indígenas pone el acento sobre el respeto de sus propios espacios y en el concepto de salvaguardar su propia identidad
En el Foro Social Mundial que se celebró en Porto Alegre, emergieron dos tipos de movimientos.
Por un lado están los que encuentran su propia legitimación en el combatir el sistema, como en el caso de las protestas de Seattle durante la cumbre de la Organización Mundial de Comercio. Por otro lado están los que se concentran en los ámbitos de interés de las Naciones Unidas, como los derechos humanos, el medio ambiente, el desarrollo, etc., logrando el reconocimiento de parte de la ONU.
Fueron necesarios dos años para lograrlo, aunque las tensiones entre los distintos movimientos sociales y las NGOs nunca han cesado realmente. Un Movimiento Global de Ciudadanos es posible solamente si está en condiciones de hacer un trabajo de “traducción” y si logra crear alianzas entre los distintos movimientos.
El individualismo es realmente muy fuerte en el activismo mundial y representa un obstáculo en la creación de un espíritu común del movimiento transversal.
¿Cómo es posible seguir adelante? Creo que sea muy importante aclarar que tenemos un enemigo común, y que todos nosotros podemos cumplir concretas tareas en las cuales es necesario comprometerse. Pero todo esto no será posible si no individuamos la manera de pedir a los además de comprometerse, tenemos que comprometernos con las personas, defendiendo las causas comunes, hablando el mismo idioma que ellos hablan.
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-Traducción del artículo en inglés publicado en el sitio de The Great Transition Initiative (http://greattransition.org/ ) bajo el título Roundtable on ‘The Problem of Action’ . An exchange on How Do We Get There? The Problem of Action
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*Roberto Savio es el fundador de la agencia de noticias “Inter Press Service” (IPS), una cooperativa de periodistas y de expertos sin fines de lucro, especializada en comunicación global y en desarrollo. Es además co-fundador del Media Watch International y del servicio de Internet “Other News”. Preside Indoamérica, una Organización no gubernamental argentina de educación.
