Del giro alemán en defensa al enroque del este: así llega la UE a la cumbre de la OTAN

Por Nacho Alarcón – El Confidencial, España

La Unión Europea llega a la cumbre de Madrid todavía en pleno ‘shock’ de realismo, con Alemania reinventando su política de seguridad y los países del este sintiéndose reivindicados

La Unión Europea llega a la cumbre de Madrid bajo la enorme sombra que la actuación de la OTAN genera sobre la idea de la política de defensa europea. La invasión rusa de Ucrania ha tenido un impacto muy distinto en cada uno de los miembros de la Unión, pero en general ha provocado un brutal reajuste de la jerarquía de las prioridades: la idea de la autonomía estratégica, de una política de defensa europea más allá de la OTAN, ha quedado claramente supeditada a cualquier debate de la Alianza. A la cumbre de Madrid llega una Unión que sabe bien que su papel en la cuestión de la seguridad de Europa se encuentra un escalón por debajo de la OTAN y que no hay demasiado debate al respecto. Los países bálticos y del este, que siempre han recelado de que los planes de defensa europea pudieran provocar que Estados Unidos se desentendiera cada vez más del teatro de operaciones del Viejo Continente, se sienten ahora reivindicados. Kaja Kallas, primera ministra de Estonia, reflejó esa filosofía en una sola frase pocas semanas antes de que Vladímir Putin, presidente ruso, diera la orden de invadir Ucrania. “La mayor disuasión contra Rusia es una bandera estadounidense”, explicó en una entrevista en la que pedía una mayor presencia de la OTAN en los países del Báltico. No francesa, no alemana, no europea: la americana. Los últimos meses han demostrado hasta qué punto los socios europeos necesitan todavía de la Casa Blanca si quieren defenderse de una política expansionista rusa.

No solamente eso, sino que en capitales como Varsovia se ha visto con recelo cómo París o Berlín han apostado por posturas más moderadas que las de Washington. Por ejemplo, en las cuestiones del envío de armas, algunos países del este, que han sido históricamente los ‘halcones’ en lo referente a las relaciones con Rusia, han vuelto a comprobar que su visión la comparten más con Estados Unidos que con Francia y, especialmente, Alemania. Si su seguridad tiene que depender de alguno de esos actores, va a ser siempre del primero a través de la organización en la que tiene la hegemonía, que es la OTAN. Sin embargo, la invasión rusa, lejos de hacer que la Unión Europea se aleje de la agenda política de seguridad y defensa, la ha revitalizado. Sí, puede que haya provocado un reajuste en cuanto a la jerarquía y haya puesto los pies en el suelo a algunos Estados miembros, como por ejemplo Francia, que tenían planes muy ambiciosos en lo referente a la llamada ‘autonomía estratégica’. Pero la demostración de que la guerra ha puesto la seguridad y la defensa en el centro de la agenda fue la decisión de Dinamarca de acabar con tres décadas de cláusula de excepción, que le permitía no participar de las misiones y de los programas militares europeos.

Los últimos meses han confirmado “el monopolio de la Alianza Atlántica sobre la defensa colectiva”, una definición de Luis Simón, director de la oficina de Bruselas del Real Instituto Elcano. Es decir, ha confirmado un marco en el que Estados Unidos puede llegar a tolerar el desarrollo de una política de seguridad y defensa europea, siempre y cuando esta esté claramente supeditada a la OTAN. La UE y la Alianza cooperan y compiten, y eso no va a cambiar, pero la confirmación de una clara jerarquía puede ser una oportunidad.

‘Shock’ en Berlín y tensión en París

La invasión, el papel fundamental de la OTAN para sostener al Ejército ucraniano y el papel de disuasión que la Alianza está jugando en el este del bloque han sido un toque de atención para todos los socios, que han tenido que enviar planes actualizados para el cumplimiento del objetivo de una inversión de al menos el 2% en defensa. El enorme aumento en gasto militar demuestra el cambio de paradigma. Si un país de la OTAN ha sufrido un ‘shock’ sorprendente a distintos niveles, ese ha sido Alemania. En cuestión de meses, ha dilapidado buena parte de su prestigio, se la ha visto como un socio demasiado centrado en sus prioridades particulares y su lentitud a la hora de apoyar a Ucrania en los distintos frentes se ha visto como un gesto de torpeza y ausencia completa de liderazgo por parte de Olaf Scholz, canciller alemán, que ha estado desaparecido durante una buena parte de la crisis.

Sin embargo, los últimos meses han puesto en marcha un cambio importante en Alemania. Scholz anunció un plan para modernizar el Ejército por valor de 100.000 millones de euros en 2022, situando el país por encima del compromiso del 2% de la OTAN y provocando un giro en la forma en que Berlín ha entendido la política de defensa y seguridad, como demuestra el hecho de que el Gobierno tuviera que acabar abandonando la política de no enviar armamento a zonas en conflicto, algo que ha acabado haciendo para apoyar al Ejército ucraniano. En el caso francés, los cambios son menos visibles. París siempre ha sido un socio especial, con una relación muy tensa con la Alianza. Se trata de un socio fundamental para la OTAN, y al mismo tiempo es bastante díscolo. En 2019, Emmanuel Macron, presidente galo, lanzó aquella frase que le ha perseguido estos últimos meses: la Alianza estaba “en muerte cerebral”. El 24 de febrero de 2022, tras un electrochoque, revivió. Y unos meses después, la organización se encuentra en uno de los momentos más relevantes de su historia.

Francia no ha dado demasiadas pistas de cómo analiza la nueva fase en que se ha entrado. París siempre ha visto la OTAN como una herramienta para que EEUU pueda proyectar su agenda, exactamente de la misma manera en que los socios europeos del este ven la idea de la autonomía estratégica como una vía para que el Elíseo imponga su visión. Tras la salida del Reino Unido, Francia es el único país de la UE con una idea global, con la capacidad de estructurar un discurso estratégico sobre el futuro de Europa. Y la idea de tener que consensuar con unos EEUU que no siempre comparten su visión frustra, y mucho, en el Gobierno francés, en el actual, en los anteriores y en los futuros. Las posturas de Berlín y de París, y a su vez la manera en que EEUU las gestiona, generan un problema a medio plazo. La ventana de oportunidad que abre la confirmación de una clara jerarquía en la seguridad europea puede verse barrida por la falta de comunicación y consenso. Con una Alemania que solamente está empezando a despertar en términos estratégicos, y una Francia siempre en tensión, el centro de gravedad de la atención americana en Europa está girando hacia los países más decididos, que son siempre los más cercanos al riesgo: es decir, los bálticos y los del este de la Unión. Si la Casa Blanca no hace un esfuerzo especial por incorporar las visiones alemana y francesa en las prioridades de la OTAN, si Berlín y París no se sienten escuchadas y tenidas en cuenta y a su vez ellas no terminan de protagonizar su propio ‘despertar geopolítico’, entonces la oportunidad que la guerra ha ofrecido de una política de defensa común europea que se desarrolle de forma indiscutible bajo el paraguas de la OTAN en interés de los dos lados del Atlántico se verá lastrada y bloqueada.

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Otro punto de vista:

“El desmantelamiento de la OTAN es un requisito fundamental de la democracia”

La guerra en Ucrania comenzó hace cuatro meses. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ya ha causado la muerte de más de 4.500 civiles y ha obligado a casi cinco millones de personas a abandonar sus hogares y convertirse en refugiados. Estas cifras no incluyen las muertes de militares –al menos 10.000 ucranianos y probablemente más en el lado ruso– ni los muchos millones de personas desplazadas dentro de Ucrania.

https://ctxt.es/es/20220601/Politica/40089/Marcello-Musto-Silvia-Federici-Etienne-Balibar-Michael-Lowy-OTAN-mesa-redonda-guerra-Ucrania-Putin.htm