OtherNews

Estados Unidos y la sumisión completa de Ucrania

Por Alejandro López* – Diario Red

Zelenski ya no está entre la espada y la pared. Está entre dos espadas. Si firma un acuerdo que liquida la soberanía económica ucraniana sobre sus recursos, podría ser derrocado

Insólito es poco. Si no cambia nada durante las próximas semanas, estamos ante uno de los grandes acontecimientos del año. Aún no ha permeado entre sociedad y medios el grado de sumisión que Estados Unidos estaría planteando para el futuro de Ucrania, pero aquí podemos anticipar, en base a publicaciones filtradas en medios occidentales, que podría ser así.

Donald Trump no está aquí para negociar por el gobierno de Kiev. Eso lo teníamos claro. Pero había mucha confusión entre los más ciegamente liberales sobre por qué Washington querría renunciar a su poder blando, confrontar a sus propios socios y permitir que sus rivales pudieran anotarse varios tantos en tableros geopolíticos clave.

La respuesta está justo en los borradores de acuerdo. Pero también en lo que menos ruido hace de las conversaciones de paz. Estados Unidos se quita el armazón liberal para confrontar directamente a propios y extraños bajo sus propios términos. La política de Washington siempre pasó por la defensa de sus intereses, mientras que sus socios europeos estaban dispuestos a ceder en aspectos estratégicos a cambio del paraguas militar estadounidense.

En el momento crítico en que se encuentra el mundo en torno a la guerra de Ucrania, la postura liberal siempre fue no negociar. Bajo ningún concepto Rusia podía erosionar el sistema “basado en reglas”, también conocido como orden liberal, con una política irredentista y revisionista. Solo los occidentales podían marcar ese ritmo en sus intervenciones en el extranjero.

Donald Trump ha cambiado esto. No solo está dispuesto a comprar gran parte del relato ruso, sino que además presiona a la presa débil, en este caso Ucrania, para obtener más concesiones casi a modo de reparto entre potencias. El ejemplo más claro fue el borrador presentado por varios miembros de la Administración Trump a Ucrania para la explotación de minerales, el mal llamado acuerdo de las tierras raras.

Tras la negativa de Kiev a firmar tal documento, se produjo una nueva oferta más ventajosa para ambos, donde se creaba un fondo que reinvertiría en el ámbito de la reconstrucción de Ucrania el dinero obtenido de la explotación de los recursos y añadía las infraestructuras asociadas. Sectores clave de la economía al fin y al cabo, pero con perspectiva de repercutir en el terreno.

Además, Washington vendía que la mera inversión e interés económico estadounidense serviría como la ansiada garantía de seguridad que Kiev demandaba. Y es que Trump descartaba contundentemente ofrecer cualquier tipo de garantía que impidiese su plan para reordenar los activos militares norteamericanos en el continente europeo.

Después de la sonada discusión en la Casa Blanca entre Donald Trump, Volodímir Zelenski y JD Vance, el acuerdo volvió a desaparecer entre la niebla. Se sumó una disculpa y un gesto de agradecimiento a la lista de exigencias norteamericanas, claramente marcadas por la mala sintonía personal desde que Ucrania fue parte nodal del primer proceso de impeachment contra Donald Trump en su anterior mandato.

Zelenski ya se encontraba entre la espada y la pared. O firmaba lo que le pusieran delante o se vería solo. Perdió temporalmente la ayuda militar directa estadounidense, así como parte de los satélites y la inteligencia. A continuación, perdió Kursk ante Rusia. Como diría Trump, no le quedaban cartas ya.

Y en ese momento, a pocos días del final de marzo, Estados Unidos avanzó con Rusia los aspectos que resultaban más lesivos para Moscú en las cumbres de Riad, Arabia Saudí. Estos eran un alto el fuego parcial sobre la infraestructura energética y el mar Negro, beneficiosos para Ucrania, pero también un alivio vital para Rusia.

Y una vez Ucrania y Rusia ya estaban en disposición de hablar sobre un alto el fuego, desembarazándose de la coraza liberal y de la directriz política que planteaba la Unión Europea frente a Rusia, Trump ha lanzado el mayor de los retos que se ha visto hasta el momento para Zelenski.

Según publicaba el medio Telegraph, el borrador del texto que daría seguimiento al planteado en la Casa Blanca sería extraordinariamente favorable para Estados Unidos:

Ya se habla de minerales críticos, de gas (incluido el gas licuado), de petróleo, de combustibles, de tierras raras y de varias decenas de minerales estratégicos más como el litio, el titanio, el aluminio, el cobalto o el zinc. El asunto de las infraestructuras incluiría las carreteras, los ferrocarriles, los oleoductos y gaseoductos, los puertos y aeropuertos, las refinerías y cualquier instalación vinculada con la licuefacción, la regasificación, la explotación, el procesamiento o la extracción de recursos naturales.

El fondo estaría registrado en Delaware, pero podría tener tanta influencia que obtendría el derecho a examinar las cuentas de los propios ministerios o cualquier agencia gubernamental ucraniana. Además, tres de los cinco miembros serían estadounidenses y tendrían derecho a vetar cualquier explotación de terceros.

Esto no solo cerraría la puerta a cualquier negocio con China sino potencialmente a una membresía de Ucrania a la Unión Europea bajo condiciones comerciales normalizadas. Sin duda este aspecto dejaría a Ucrania subordinada económicamente ante Washington. Subordinación, e incluso expolio, se quedan cortas para describir el nivel de control político que obtendría la potencia americana. Habría que entrar en terreno inexplorado con la anexión de facto de áreas clave de la economía ucraniana.

Estados Unidos no solo controlaría el fondo con los beneficios económicos, que rápidamente serían convertidos en moneda extranjera, sino que recibiría la totalidad de los beneficios hasta que Ucrania haya pagado la ayuda recibida hasta ahora. El mínimo para que Ucrania empiece a recibir la mitad de los beneficios quedaría situado en los 100.000 millones de dólares, con un 4% de interés adicional, que Trump considera “adeudados” por Ucrania.

No solamente se concederían todas estas regalías, sino que también se haría sobre los aspectos explotables presentes y futuros, de empresas públicas y privadas, de manera indefinida en el tiempo, lo cual amplía notablemente el alcance de anteriores textos y sigue sin ofrecer ninguna garantía de seguridad a Ucrania.

Este acuerdo es difícilmente asumible para Ucrania. El exlíder ruso Dmitry Medvedev señalaba “si el régimen de Kiev lo aprueba, el drogadicto [Zelenski] y compañía serán colgados en [la plaza] Maidán como Mussolini. Y si lo rechaza, Estados Unidos reseteará el régimen de Bandera [nacionalistas ucranianos]”. Más allá de la visceralidad y vanguardia que ha tomado Medvedev del ultranacionalismo ruso, señala un aspecto bastante plausible.

Zelenski ya no está entre la espada y la pared. Está entre dos espadas. Si firma un acuerdo que liquida la soberanía económica ucraniana sobre sus recursos, podría ser derrocado. Pero si no lo firma, perderá a Estados Unidos. Quizá es la posición que Trump siempre buscó para el mandatario ucraniano.

Rusia exige concesiones políticas para ir hacia el alto el fuego permanente. Considera que tiene el tiempo de su parte y que Ucrania debe ceder. Estados Unidos exige concesiones económicas para no dejarles solos o, lo que sería peor, ponérseles activamente en contra.

La manera en que Washington está apoyando a Ucrania mientras se evita ceder territorialmente, de la forma que trata de imponer Rusia como precondición, es la amenaza constante de que pueden perder de nuevo el apoyo en inteligencia militar. Y saben que Ucrania no se quiere permitir perder socios.

Mientras tanto, Rusia y Estados Unidos tienen mucho de lo que hablar. Ya no solo llegan reportes desde Arabia sobre conversaciones en torno a intereses comunes en el Ártico, rematados por la comprensión que Putin expresó por las demandas de Trump sobre Groenlandia. Es que, desde Suiza, como publica el medio alemán Bild, ya se estarían dando conversaciones entre Moscú y Washington para financiar la reconexión rusa a Europa a través del Nord Stream. Hasta Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, ha confirmado que existen conversaciones al respecto.

Y en Arabia siguen los movimientos para promover un levantamiento de sanciones parcial a Rusia en sectores clave para el Kremlin como las exportaciones agrícolas, los fertilizantes y la conexión de ciertos bancos al sistema de pagos internacional. Sin duda, hay un fuerte contraste que deja a Zelenski en una situación muy comprometida, quizá echando de menos el borrador que rechazó en Estambul en 2022, los formatos diplomáticos de 2021 o incluso el acuerdo de Minsk de 2015.

* Antropólogo y analista de política internacional. Desde el año 2020 forma parte del equipo de Descifrando la Guerra como coordinador. Ha participado en distintas investigaciones y se he embarcado en viajes y expediciones por multitud de países, incluyendo como enviado especial a Ucrania, Rusia o la cumbre de la OTAN. Ponente universitario y analista en multitud de medios de comunicación, tanto en prensa como en radio y televisión por todo el mundo, también ha escrito varios libros como «Ucrania, el camino hacia la guerra» o «La pugna por el nuevo orden internacional».

Leer también: https://sinpermiso.info/textos/contra-el-rearme-europeo

Los comentarios están cerrados.