La medicina de la inflación, una inocentada que amenaza al progreso

Por Anis Chowdhury y Jomo Kwame Sundaram (*)

Supeditar la respuesta a la compleja crisis actual al dogma de contener la inflación, lleva a la economía mundial al borde de la recesión

SÍDNEY / KUALA LUMPUR (IPS) – La economía mundial está al borde de la recesión, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). La guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia han frenado la recuperación tras la pandemia de covid-19.

Más de 80 bancos centrales ya han subido los tipos de interés en lo que va de año. Salvo el gobernador del Banco de Japón, los líderes de los bancos centrales han reaccionado a la inflación subiendo las tasas de interés. Por lo tanto, la estanflación es cada vez más probable, ya que el aumento de los tipos de interés ralentiza la economía, pero no aplaca la inflación impulsada por los costes de la oferta.

El giro del FMI que no se explica

El economista jefe del FMI ha advertido recientemente que la inflación en los niveles actuales representa un claro riesgo para la estabilidad macroeconómica presente y futura, y que volver a situarla en los objetivos del banco central debería ser la máxima prioridad de los responsables políticos.

Aunque reconoce los costes a corto plazo de la subida de los tipos de interés, nunca se ha molestado en explicar por qué los objetivos de inflación deben considerarse sacrosantos independientemente de las circunstancias. La mera afirmación de que la inflación será más costosa si no se controla ahora es una forma de hacer política basada en la evidencia.

Después de todo, solo un mes antes, el 7 de junio, el FMI aconsejaba: «Los países deben permitir que los precios internacionales se trasladen a los precios internos, protegiendo al mismo tiempo a los hogares más necesitados».

El FMI reconoció que las principales fuentes de la inflación actual son las interrupciones del suministro, primero debido a los cierres por pandemias que interrumpen las cadenas de abastecimiento, y luego, los cortes en la entrega de alimentos, combustible y fertilizantes debido a la guerra y las sanciones.

¿La Reserva Federal es infalible?

Sin explicar por qué, el presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Jerome Powell, insiste en emular a su héroe, su antecesor Paul Volcker durante el periodo 1979-1987. Volcker se hizo famoso por haber casi duplicado el tipo de interés de los fondos federales hasta casi una tasa de 20 %.

De este modo, Volcker provocó la recesión más larga de Estados Unidos desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado, aumentando el desempleo hasta casi 11 %, mientras que los efectos de esa desocupación en la salud y los ingresos de los trabajadores despedidos, persistieron durante años.

Cuando se le preguntó en una audiencia en el Senado de los Estados Unidos si la Reserva Federal estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para controlar la inflación, incluso si eso perjudicaba el crecimiento, Powell replicó: «La respuesta a su pregunta es sí».

Pero los principales bancos centrales han reaccionado en exceso una y otra vez, con consecuencias desastrosas. Milton Friedman sostuvo que la Reserva Federal estadounidense exacerbó la Gran Depresión de los años 30. En lugar de proporcionar alivio a las empresas con problemas de liquidez a corto plazo, restringió el crédito, aplastando la actividad económica.

Del mismo modo, un posterior presidente de la Fed, Ben Bernanke (2006-2014) y otros economistas demostraron que el exceso de celo en el ajuste monetario fue el principal responsable de la estanflación de la década de los años 70. Ahora que los precios siguen subiendo a pesar de la subida de los tipos de interés, la estanflación se cierne sobre nosotros.

El trío del Atlántico Norte

La mayoría de los presidentes de los bancos centrales lleva mucho tiempo obsesionada con la lucha contra la inflación, insistiendo en contenerla en 2 %, a pesar de perjudicar así el progreso económico. Esta respuesta está prescrita, incluso cuando la inflación no se debe principalmente al aumento de la demanda.

Powell observó recientemente que la oferta es una parte importante de la historia, reconociendo que la guerra en Ucrania y las restricciones de la pandemia ocasionadas en China han hecho subir los precios.

El presidente de la Fed admite que unos tipos de interés más altos pueden aumentar el desempleo, pero insiste en que el cumplimiento del objetivo del contener la inflación en una tasa de 2 % es incondicional. Afirmó que “tenemos las herramientas y la determinación para bajar a 2 %”, insistiendo en que “vamos a hacerlo”.

Aunque reconoce que las grandes tensiones entre la oferta y la demanda son la causa principal de la inflación, el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, también se compromete a cumplir el objetivo de contener la inflación en una tasa de 2 %, sin permitir peros al respecto.

Mientras, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, no espera volver a ese entorno de baja inflación en breve, al admitir que el índice de precios en la zona del euro está siendo impulsado por una compleja mezcla de factores. Pero insiste en subir los tipos de interés durante el tiempo necesario para que la inflación vuelva al objetivo de 2 %.

¿Inocentada?

Gran parte del problema se debe al haber convertido en dogma del objetivo de inflación de 2 %. Como admitió más tarde el entonces gobernador del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda, el primer banco central que adoptó un objetivo de inflación de 2%, se trató de una cifra que se sacó de la manga.

De hecho, un comentario casual del entonces ministro de Finanzas de Nueva Zelanda durante una entrevista televisiva el 1 de abril de 1988, coincidiendo con el día de los inocentes en ese y otros países, en el que decía que pensaba en una auténtica estabilidad de precios, en torno a 0, o entre 0 y el 1 %, se terminó convirtiendo en la política monetaria en todo el mundo.

Powell también reconoció que, “desde la pandemia, vivimos en un mundo en el que la economía está impulsada por fuerzas muy diferentes”. Y confesó: “creo que entendemos mejor lo poco que entendemos sobre la inflación”.

La autoridad monetaria estadounidense reconoce también que los cambios en la globalización, la demografía, la productividad y el progreso técnico ya no frenan el aumento de los precios como durante la llamada Gran Moderación.

La determinación de Bailey de situar la inflación en 2 % es aún más sorprendente, ya que admite que el Banco de Inglaterra no puede impedir que la inflación llegue a 10 %, y que “no hay mucho que podamos hacer”.

Aunque no tiene ninguna base teórica, analítica o empírica, muchos líderes de los bancos centrales tratan los objetivos de inflación como la mejor práctica universal en todas las circunstancias. Así, a pesar de reconocer los trastornos de la oferta y los cambios en las condiciones económicas imperantes, siguen insistiendo en el objetivo de inflación de 2 %.

El tipo de interés, una herramienta contundente

El dogma del objetivo de inflación de los bancos centrales causará mucho daño. Incluso cuando la inflación está aumentando, el incremento de los tipos de interés puede no ser la herramienta política adecuada por varias razones.

En primer lugar, el tipo de interés solo aborda los síntomas, no las causas de la inflación, que pueden ser muchas. En segundo lugar, subir los tipos de interés con demasiada frecuencia y en exceso puede acabar con las empresas productivas y eficientes junto con las que lo son menos.

En tercer lugar, al ralentizar la economía, los tipos de interés más altos desalientan la inversión en nuevas tecnologías, en la mejora de las competencias, en las instalaciones y en los equipos, lo que afecta negativamente al potencial de la economía a largo plazo.

En cuarto lugar, los tipos de interés más altos aumentarán la carga de la deuda de los gobiernos, las empresas y los hogares. El endeudamiento se aceleró tras la crisis financiera mundial de 2008-2009, y aún más durante la pandemia.

El endurecimiento monetario también limita la política fiscal.

Una economía más lenta implica menos ingresos fiscales y más gasto en provisiones sociales. El aumento de los tipos de interés también eleva el coste de la vida, ya que los costes del servicio de la deuda de los hogares aumentan, especialmente en el caso de las hipotecas. El coste de la vida también aumenta porque las empresas repercuten los tipos de interés más altos en los consumidores.

Innovación política

En general, se reconoce que el repunte inflacionario de este año obedece a la escasez de suministros, principalmente a causa de la nueva Guerra Fría (liderada por Estados Unidos y China), la pandemia, la guerra en Ucrania y las sanciones.

El aumento de los tipos de interés puede frenar el aumento de los precios al reducir la demanda, pero no aborda las limitaciones de la oferta, la principal causa de la inflación actual.

Por lo tanto, la política anti inflacionaria en las circunstancias actuales debería pasar de la supresión de la demanda interna, con tipos de interés más altos, a la mejora de la oferta.

Subir las tasas de interés sube los costes del crédito para todos.

En lugar de ello, deberían suavizarse las restricciones financieras a las industrias deseadas que deben promoverse (por ejemplo, las energías renovables). Mientras tanto, el crédito para las actividades indeseables, ineficientes, especulativas e improductivas (por ejemplo, la compra de bienes inmuebles y de acciones) debería endurecerse.

Esto requiere políticas macroeconómicas que apoyen la diversificación económica, promoviendo las inversiones industriales y la innovación tecnológica. Cada objetivo requiere herramientas políticas adaptadas.

En lugar de reaccionar ante la inflación subiendo el tipo de interés, un instrumento contundente que sirve para todo, los responsables políticos deberían considerar las distintas causas de la inflación y su interacción.

Cada fuente de inflación necesita herramientas políticas apropiadas, no un instrumento contundente para todos. Pero los banqueros centrales siguen considerando el aumento de los tipos de interés como la principal, si no la única, política contra la inflación, un martillo universal para todas las causas de la inflación, todas ellas consideradas como clavos.

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(*) Anis Chowdhury fue profesor de economía de la Universidad Occidental de Sídney y ocupó altos cargos en la ONU entre 2008 y 2015 en Nueva York y Bangkok – Jomo Kwame Sundaram fue profesor de economía y secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.