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La rebelión climática

Guillermo Altares -El País 

El calentamiento global amenaza con romper las rutinas de la naturaleza, que marcan la pauta de nuestras sociedades

Visitar un museo egipcio es una experiencia extraña para alguien que no sepa mucho de esta civilización milenaria porque la posibilidad de perderse con sus faraones, sus ritos funerarios, sus dinastías y sus dioses es muy elevada, por no hablar de la inquietud que produce el Libro de los muertos a todos aquellos que lo más parecido a un curso de egiptología que han cursado es haber visto diferentes versiones de La momia.

Sin embargo, existen pocas inmersiones tan emocionantes. El museo egipcio de Turín, uno de los más importantes del mundo, expone todos los objetos de la tumba de Kha y su esposa Merit, uno de los grandes descubrimientos de la egiptología. No solo ofrece los sarcófagos y las bellísimas máscaras mortuorias de esta pareja de nobles, sino que alberga todo tipo de cosas que parece imposible que hayan llegado hasta nosotros: desde el pan y las semillas hasta los vestidos y las telas de lino. El clima árido de Egipto ha permitido su conservación durante miles de años.

Una civilización así pudo surgir en el desierto gracias al Nilo, cuyas crecidas traían el limo, la agricultura y la vida con una solemne regularidad. Cualquier cambio en su ritmo provocaba desastres y hambrunas. Desde la construcción de la presa de Asuán han desaparecido, pero sin ellas no se puede entender el poder de los faraones. Todas las sociedades agrícolas se basan en esas rutinas de la naturaleza, que nos dictan cuándo sembrar, barbechar o recolectar. Sin ellas la civilización humana no hubiese llegado hasta aquí. Sin embargo, estos biorritmos de la naturaleza son los que el cambio climático está transformando, tal vez de manera irreversible.

Los mortíferos y devastadores incendios de California, que amenazaron Los Ángeles, una de las ciudades más grandes del mundo, son el producto de este desconcierto. California siempre ha padecido incendios y sequías, pero no como los actuales. La imprevisibilidad se traduce en tremendas épocas áridas seguidas por lluvias que llegan cuando no toca y en que los rotundos vientos de Santa Ana se abaten, a veces a 100 kilómetros por hora, sobre la tierra seca. Hemos sido tan insensatos como para romper el ritmo de la naturaleza: eso debería darnos mucho más miedo que el Libro de los muertos.

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Por el cambio climático, América Latina pierde entre 17.000 y 27.000 millones de dólares por año

Clarín, Argentina

Un estudio difundido esta semana asegura que más de la mitad de Iberoamérica está en situación de altísima vulnerabilidad frente al calentamiento global

Más de la mitad de Iberoamérica se encuentra en una situación de “altísima vulnerabilidad” ante el cambio climático y los efectos anuales del impacto se estiman entre 17.000 y 27.000 millones de dólares por año, reveló un informe presentado este martes en Antigua (Guatemala), a dos días de celebrarse la XXVI Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno.

Uno de los puntos más relevantes del informe (elaborado por el Observatorio de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático de La Rábida-Huelva, España) son los dramáticos efectos económicos del calentamiento global: “En Latinoamérica se estima que la inversión total necesaria para adaptarse a los efectos climáticos ya inevitables son sólo una cuarta o sexta parte de los costos anuales de estos impactos, que se estiman entre 17.000 y 27.000 millones de dólares al año”.

Además, “se calcula que las pérdidas económicas acumuladas por los efectos del cambio climático en América Latina entre 1970 y 2008 llegan a 81.435 millones de dólares, de los cuales más de la mitad son pérdidas por los daños causados por tormentas extremas”.

La planificación es tan importante como invertir, señalan el informe: “Estas inversiones, tan necesarias para garantizar el combate contra el cambio climático y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible, necesitan de una inteligente y coherente canalización de recursos públicos y privados. La inversión en infraestructura, de proporciones muy significativas en los próximos años, debe redirigirse a infraestructuras bajas en carbono y con mayores”.

En cuanto a la situación social de la región, en un acto previo a la reunión -que comenzará este jueves en Guatemala-, la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, explicó que «la desigualdad y el cambio climático están relacionados. Nadie sufre sus problemas por separado. Todo sucede en un espacio común donde el medio ambiente está siempre de trasfondo».

La experta reclamó «un esfuerzo titánico» y un “compromiso común” de parte de los países de Iberoamérica para poder abordar este reto.

Grynspan adelantó que durante la cumbre habrá al menos cuatro comunicados especiales sobre este tema, que están aprobados en primera instancia por los países de la región, aunque falta la ratificación de parte de los jefes de Estado y de Gobierno correspondientes.

También presente en ese acto, Rosa Castizo, autora del informe del Observatorio de La Rábida-Huelva, explicó que “es impresionante la cantidad de datos que hay en relación con la vulnerabilidad. Y esa vulnerabilidad tiene rostro de mujer, rostro de indígena». La experta destacó además que quienes más se preocuparon por cuidar la naturaleza «durante siglos y siglos», ahora sufren las consecuencias de su deterioro.

Castizo puso el foco en la necesidad de producir y consumir alimentos y otros productos de forma sostenible, además de tratar de generar consensos a escala global. En la región, «el 7,4% de emisiones globales se deben a residuos sólidos, un porcentaje muy superior al resto del mundo», advirtió.

 

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