¿Libertarios o grupos de choque?

Comentario de José Steinsleger*

Pocos años atrás, sentado en la banca del zócalo de Cuernavaca mientras el candidato de Morena lanzaba su rollo, una señora tomó asiento a mi lado. Al finalizar la arenga, la señora me preguntó si disponía de un minuto. Creyendo que estaba allí por el mitin (cargaba un bolso con folletos), respondí: “Cómo no. Diga usted…”

–Gracias. Quería preguntarle si usted cree en algo superior…

–Claro que sí. Creo en Andrés Manuel.

Condescendiente, la señora esbozó una sonrisa: “No, no… en algo superior a todos nosotros”. Y aclarando que era testigo de Jeohvá, inquirió: “Usted es creyente… ¿verdá?”

Hubiera sido inoportuno, naturalmente, decirle que los credos de fe me interesaban en tanto testimonio de cultura. Así pues, salí del hoyo con una frase de cajón: Creo que el mundo está fuera de control. Sin embargo, la semana pasada, un amable lector disparó a quemarropa indagando sobre cuál era, a mi juicio, la ideología correcta.

Respondí: “Estimado amigo, pienso que una ideología correcta, como usted dice, siempre debe estar con las políticas que cortan el pastel en favor de los que menos tienen”. Respondió: ¡Odio a la política y los políticos! ¡Soy libertario y lo único que me importa es la libertad!

Lo dejé ahí. Sin duda, mi lector era un ciudadano con sus necesidades básicas satisfechas. O sea, con tiempo para meditar sobre la libertad, en un país donde la mitad de la población tiene libertad para morirse de hambre. ¿O ya nació el jodido que se preocupa por la libertad, sin poder alimentar a sus hijos?

Libertarios… En 1968, los estudiantes de París enaltecieron esta frase de largo linaje anarquista. Ni Dios, ni amo rezaban los muros de París. Pero el capitalismo concentrado les partió la madre. Y es que después de la revolución asturiana (1934), y la derrota de la república española (1939), nada volvió a ser como en los buenos tiempos…libertarios.

Desde inicios del siglo, el libertarismo fue resemantizado por el neoliberalismo. Usándose, entonces, como fuerza de choque o ariete de desestabilización contra los gobiernos democráticos que los mercenarios de la libertad califican de populistas.

Fogoneados por intelectuales y empresarios subdesarrollados que viven en el paleolítico de las ideologías, los libertarios pululan en México y Argentina. En este país, por ejemplo, instalaron frente a la Casa Rosada (presidencial), bolsas negras rellenas con forma de cadáveres, a los que les imprimieron los nombres de Madres, Abuelas de Plaza de Mayo, y de luchadores sociales de probada honestidad política.

Y en días pasados, el periódico Página/12 apuntó que el macrismo convocó desde las redes sociales a manifestarse contra las restricciones sanitarias impuestas por el gobierno de Alberto Fernández para reducir la curva de contagios del Covid-19. Pero cuando un pequeño grupo intentó avanzar sobre la Casa Rosada, se produjo un forcejeo con la policía. Una mujer que filmó con su celular el momento, gritó: “¿Cómo nos van a pegar a nosotros que somos ciudadanos que defendemos la República? Y confesó: somos menos de 200.

En efecto, los libertarios son pocos en las calles y, electoralmente, juntan cuatro votos. Aunque sería erróneo ignorarlos. Porque en las redes, básicamente, son millones de jóvenes hastiados de la corrupción política, y de una cultura neoliberal que los despoja de futuro, obligándolos a vivir en el presente absoluto.

Flagelo con múltiples causas en el que los mercenarios de la libertad pescan en río revuelto. Mientras las izquierdas de abajo o arriba, progresistas o reformistas, se hacen bolas para entender el fenómeno, refugiándose en premisas revolucionarias decimonónicas, o de inicios del siglo pasado.

¿Qué proponen los libertarios? Fuera de gritar ¡libertad! ¡libertad! y ¡abajo la dictadura!, nada proponen. Su matriz ideológica surge del individualismo antisocial, y su temperamento es claramente anarcodestructivo.

Con todo, resulta interesante observar que algunos lucen camisetas con una serpiente y la leyenda “Don’t tread on me” (no me pisotees, o no pases sobre mí), usada por los patriotas estadunidenses en la guerra de independencia. Y vuelvo con la señora testigo de Jeohvá.

–¡Ah! –exclamó con alborozo. Entonces tengo algo que le va a interesar. Y del bolso tomó el folleto ¡Despertad!, que en la carátula llevaba el titular ¿Está el mundo fuera de control (número 6, 2017). ¡En el ojo!… Confieso que nunca di el ancho para divagar en asuntos de la fe. A no ser cuando oigo el tango Uno, de Enrique Santos Discépolo:

“Uno busca lleno de esperanzas / el camino que los sueños / prometieron a sus ansias / Sabe que la lucha es cruel y es mucha / pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina…”.

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 *Periodista y escritor argentino residente en México.  En la década de 1980, se radicó en Ecuador, donde se desempeñó como miembro del Comité Editorial, responsable por la redacción, edición y diseño de la revista trimestral CHASQUI, publicación del Centro Internacional de Estudios de Periodismo de América Latina (CIESPAL). Columnista de La Jornada de México. Análisis publicado en ese diario, el 21.04.21