«Los refugiados afganos entendemos bien a los ucranianos, pero nos sentimos discriminados»

Por Jairo Vargas Martín – Público.es

La conocida activista afgana Malalai Joyaha sufrido hasta siete atentados por defender los derechos de la mujer y denunciar la corrupción y la ocupación en su país, donde fue la diputada más joven hasta que fue expulsada del Parlamento.

«Cuando los talibanes tomaron Kabul fueron a las casas de mis familiares y conocidos preguntando dónde estaba yo. Querían eliminarme. Tuve que huir como muchos otros afganos», recuerda Malalai Joya. La activista afgana ya había sobrevivido a siete intentos de asesinato durante la supuesta democracia que EEUU impuso en el país tras la ocupación en 2001. Que los talibanes la encontraran ahora que volvían a controlar el país era cuestión de tiempo.

«Fue muy doloroso marcharme, había prometido a mi gente, a todos los que me apoyaban, que no abandonaría el país. Pero mi familia y amigos me presionaron para irme. Mi mente y mi corazón siguen allí», asegura Joya en el Congreso de los Diputados. Allí acudió el pasado jueves, invitada por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) para hablar de la situación del país y, en especial, de las mujeres afganas un año después de que el fundamentalismo volviera al poder. La ONG acoge a la activista, refugiada en Catalunya desde el pasado agosto, cuando el pánico se apoderó de Kabul, tomada rápidamente por los talibanes, lo que llevó a la salida en desbandada de las escasas tropas internacionales que quedaban tras dos décadas de ocupación que llevaron al país «una máscara de paz y democracia», asevera.

La salida fue tan apresurada que miles de afganos invadieron el aeropuerto de la capital buscando hueco en alguno de los aviones militares de las potencias extranjeras. Hubo quienes se aferraron a la rueda del tren de aterrizaje y acabaron cayendo al vacío cuando el avión había despegado. Hubo un atentado reivindicado por el Estado Islámico en el que murieron más de casi 200 personas. Hubo una evacuación apresurada e insuficiente de los afganos que trabajaron durante la invasión como traductores de las fuerzas extranjeras. Era el final dantesco de una época dantesca que ha dado paso a la involución más descarnada. Solo quedan sufrimiento, pobreza, violencia y represión tras dos décadas de guerra inútil contra el terrorismo y el fundamentalismo islamista en Afganistán. «La guerra contra el terror ha sido la mayor mentira del siglo», apostilla, una mentira que «ha costado billones de dólares, una corrupción desmedida y miles de muertos».

La diputada más joven de Afganistán

Joya fue la diputada más joven del recién nacido parlamento afgano tras las primeras elecciones libres en 2005. Toda una hazaña en un país «donde se invalida e invisibiliza a la mujer de cualquier esfera de la vida pública», sostiene. Antes, en 2003, con solo 25 años, subió a la tribuna de la Loya Jirga, el gran consejo de las tribus afganas, para cargar contra los «señores de la guerra» que cometieron todo tipo de crímenes y abusos durante la guerra civil que dio paso al dominio talibán.

Esos mismos «señores de la guerra» eran en muchos casos tan fundamentalistas como los propios talibanes, ha defendido Joya durante media vida. Los llamó traidores y criminales, pero eran los que iban a ocupar los puestos de poder en el nuevo Afganistán tras la invasión estadounidense. «Eran igual que los talibanes, pero con la barba afeitada y llevando traje y corbata. EEUU cambió a unos criminales por otros», remarca dos décadas después. Denunció los mismo en el recién formado Parlamento afgano, en 2005, donde los tachó de «capos de la droga, señores de la guerra y criminales». Sería expulsada de la cámara dos años después por este tipo de denuncias y sometida a una gran persecución de la que solo podía protegerse con guardaespaldas y bajo un burka que, paradójicamente, le proporcionaba la libertad del anonimato para seguir saliendo a la calle, recuerda.

«Me golpearon y amenazaron con violarme incluso en el propio parlamento. Me acosaban en redes sociales, pero tuve gran apoyo internacional y me convertí en un personaje famoso», explica la activista. Desde entonces ha escrito libros de denuncia y ha dado conferencias en Europa y EEUU, aunque siempre ha regresado a Afganistán.

«Desde que me hice famosa mi vida ha estado en riesgo, han atacado mi despacho varias veces, he tenido que cambiar de casa constantemente, he pasado mucho tiempo sin poder ver a mi familia, a mis hijos. Esos señores de la guerra también querían eliminarme, pero no podían hacerlo públicamente por esa máscara de democracia que se impuso en mi país. Se suponía que hubo cambios, pero no eran reales. EEUU y el gobierno títere afgano siguieron negociando con los talibanes mientras crecía la corrupción en mi país», sostiene.

Refugiada de niña y de adulta

Joya creció en el exilio, ha sido una refugiada gran parte de su vida. Es hija de un estudiante de medicina que tuvo que huir a Irán durante la guerra civil que precedió a la llegada de los talibanes en los años 90. Creció en campos de refugiados de Pakistán, donde daba clases a niños y niñas analfabetos. En el 98 regresó a su país para luchar por los derechos de las mujeres en pleno régimen talibán, pero ha tenido que abandonarlo de nuevo sin visos de un regreso.

«Nadie quiere ser un refugiado. Te expones a la discriminación, a deportaciones, a la violencia en países que no son el tuyo, donde no se habla tu idioma», afirma. «En los países vecinos de Afganistán como Pakistán, Irán, Turquía o Indonesia, los refugiados se enfrentan a comportamientos inhumanos, a asesinatos y torturas», afirma. Y pide más responsabilidad de Europa y de Occidente en general a la hora de acoger a los refugiados que durante los últimos años se han visto obligados a escapar «de las guerras libradas por los intereses de EEUU y la OTAN y sus consecuencias».

«Los líderes talibanes excluyen a las mujeres de la vida mientras sus hijas estudian en el extranjero»

«Los afganos, los sirios, los iraquíes, los libios, los palestinos o los yemeníes comprendemos muy bien a los ucranianos» sostiene. «Cuando veo imágenes de Mariúpol devastada me recuerda a Afganistán, pero en 40 años de guerra y ocupación no hemos tenido el mismo trato que ellos», lamenta. «Por supuesto que nos sentimos discriminados», dice recordando el trato que la Unión Europea dio en 2015 a los refugiados de la guerra en Siria y a los de otros países de Oriente Medio, o el que se les sigue dando ahora.

«No se olviden de Afganistán, sobre todo de las mujeres afganas y sobre todo ahora que Ucrania acapara todos los titulares», pide Joya a la sociedad española. Siempre ha sido crítica con los escasos avances para la mujer durante las dos décadas pasadas, «porque han seguido gobernando fundamentalistas y ha seguido habiendo crímenes contra las mujeres, sobre todo en áreas rurales», denuncia. «Pero ahora vemos cómo las presentadoras de televisión tienen que taparse el rostro, cómo las niñas han sido excluidas de la educación y las mujeres de la vida laboral y social, mientras las hijas de los líderes talibanes juegan al fútbol o estudian medicina en el extranjero».

El resultado de estas dos décadas de invasión estadounidense en su país, recuerda, ha sido que «el 90% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y que la mitad sufre desnutrición severa». Pide apoyo de «las fuerzas progresistas y democráticas de la sociedad para liberarnos de los fundamentalistas», pero también «de las intervenciones extranjeras en los países». Por experiencia propia y también mirado la guerra en Ucrania, Joya insiste: «Ninguna nación puede liberar. Las nacionales solo pueden liberarse a sí mismas».

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