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Marielle Franco : Una muerte que traumatiza

Opinión de Eric Nepomuceno – Página12, Argentina

Dos días antes de que la intervención militar decretada por Michel Temer en Rio de Janeiro cumpliese un mes, el asesinato de la concejala Marielle Franco y su chofer Anderson Gomes sacudió al país.

Hubo manifestaciones masivas en Río y en muchas otras ciudades. En las redes sociales, la ejecución de la concejala fue tema dominante.

Franco tenía 38 años y ejercía su primer mandato político. Su trayectoria ejemplar –negra, nacida y criada en una favela de violencia y miseria, madre a los 18 años, logró un diploma de ciencias sociales y un doctorado en administración pública– la diferenciaba de sus pares en la legislatura de Río. En sus escasos quince meses como concejala se destacó por la intensa defensa de los derechos más elementales de sus congéneres, violados un día sí y el otro también.

En las elecciones municipales de 2016 se presentó por un pequeño partido de izquierda, el PSOL, por primera vez, con la esperanza de alcanzar unos 6500 votos. Fue consagrada por 46.500, fue la quinta mayor votada, superando por amplio margen a decenas de políticos veteranos.

Sin embargo, hasta la noche del miércoles, a excepción de una porción relativa de los habitantes de la ciudad de Rio de Janeiro, nadie jamás había oído hablar de ella.

La manera en que fue ejecutada, cuando se supone que la seguridad pública de Río experimentaría algún alivio a raíz de la intervención militar, conmocionó al país y puso de relieve la situación de abandono y descontrol absoluto en que vive la población. Y más: desafía frontalmente la medida adoptada por Temer y, como contundente reflejo, también a los militares encargados de darle combate a la violencia.

Marielle se destacó por denunciar la actuación abusiva, violenta y humillante de los policías militares a la que someten a los habitantes de las favelas cariocas. También fue duramente crítica de la intervención del ejército en la seguridad pública de la provincia. La manera en que fue asesinada, o mejor dicho, ejecutada, comprueba que tenía razón en todo.

La precisión y la frialdad de su ejecución indican que su autor es un tirador experto. Utilizando una pistola calibre 9 milímetros, de uso exclusivo de la policía y de las fuerzas armadas, y en un automóvil en movimiento, el asesino disparó nueve tiros. Cuatro dieron en la cabeza de Marielle, tres en el cuerpo del chofer y otros dos se perdieron.

El coche del asesino se puso a dos metros del que llevaba a Marielle. De la ventanilla izquierda del asiento trasero salieron los disparos. La concejala, que muy raramente viajaba en el asiento de atrás, fue alcanzada en la cabeza por cuatro balas. Su asesora, que estaba en el asiento delantero, no sufrió más que heridas causadas por los vidrios rotos por los tiros. El chofer, a su vez, fue víctima de disparos que no llegaron a Marielle.

Los asesinos seguramente observaron a la concejala sentándose en el asiento trasero del coche que, a propósito, tenía los vidrios oscurecidos. Quien disparó sabía perfectamente qué hacía.

Además del impacto que conmovió al país y sacudió una vez más la ya muy débil figura de Temer, la ejecución de Marielle Franco abre una serie de interrogantes preocupantes.

Para empezar, todo indica que el ejecutor de la concejala integra algún grupo de la policía militar de Rio, impregnada de corrupción. La otra posibilidad más palpable es que sea miembro de una de las milicias integradas por policiales o ex policiales y también por bomberos.

Tales milicias son violentísimas. En tiempos recientes, en varias partes de la ciudad los ‘milicianos’ dejaron de disputar terreno palmo a palmo con narcotraficantes y pasaron a actuar en macabra sociedad.

Por su actuación en la cámara municipal y por su trabajo de base junto con las comunidades oprimidas y humilladas de las favelas de Río, por las contundentes denuncias a la violencia policial selectiva y desmedida y por su respaldo a movimientos sociales, Marielle Franco tenía el perfil justo para ser blanco de la furia de milicianos o de integrantes de la llamada ‘banda podrida’ de la policía militar.

Sin embargo, hay más, mucho más en ese enredo trágico.

¿Por qué justo ahora, cuando el general interventor y sus asesores directos empiezan a investigar el océano de denuncias de corrupción contra la policía militar, encargada de la acción ostensiva en las calles? ¿Por qué justo ahora? ¿Habrá alguna coincidencia entre la humillación de verse sometidos a las órdenes del Ejército y la necesidad de dejar claro quién efectivamente tiene el poder? ¿No habrá sido una manera de demostrar que la intervención es inútil, y que la impunidad prevalecerá?

Las investigaciones de la policía civil de Rio sobre la muerte de la concejala empezaron poco después de su ejecución. Ayer, la Procuraduría General de la Unión, a través de su titular, Raquel Dodge, pidió que las investigaciones pasaran a la órbita de la Policía Federal, en un acto que fue considerado una clara muestra de que es imposible confiar totalmente en la policía local.

La joven negra de 38 años que salió de la miseria y la humillación para ingresar en una universidad cara y destinada a los blancos, que se recibió gracias a una beca, que fue madre soltera a los 18 años y que conquistó un lugar de destaque en un mundo desigual, se transformó en víctima de la misma violencia que denunció. Formaba parte de una sociedad amenazada y enferma, atendida por médicos ineptos e inconsecuentes.

La misma sociedad que en la noche del miércoles, cuando se produjo el asesinato, supo también que la violencia es una espiral sin fin. Y que nadie está libre de esa amenaza.

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Anexo 1:

Indigna en Brasil el asesinato de la concejal Marielle Franco

La Jornada

La también activista recibió cuatro disparos en la cabeza; su chofer falleció en el ataque

Denunció abusos de los militares que vigilan las favelas de Río de Janeiro desde hace un mes

Es un atentado inadmisible, señala Temer

Lula condena el golpe a la democracia

Río de Janeiro. Viernes 16 de marzo de 2018. Marielle Franco, popular concejal de Río de Janeiro del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), quien denunció la acción de policías militares en las favelas de esta ciudad, fue asesinada la noche del miércoles de cuatro disparos en la cabeza, informó la policía este jueves.

El crimen conmocionó a Brasil, provocó protestas multitudinarias y reacciones virales en redes sociales, además de que planteó dudas sobre la efectividad de la seguridad pública a cargo de las fuerzas militares desde hace un mes en esta ciudad, por orden del gobierno del presidente Michel Temer.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva declaró que el homicidio de Franco fue un golpe a la democracia del país.

Temer calificó el asesinato de inadmisible y lo consideró un atentado contra la democracia y el estado de derecho.

El ministro de Seguridad Pública, Raul Jungmann, condenó el crimen bárbaro que trata de silenciar a una persona que defendía a las comunidades de Río, pero se abstuvo de hablar de posibles culpables.

Miles de ciudadanos, políticos y diversas personalidades expresaron su dolor por la muerte de la concejal, de 39 años, y de su chofer, Anderson Pedro Gomes; ambos recibieron al menos nueve tiros cuando se desplazaban en un vehículo por el centro de Río. Una asesora de Franco sobrevivió y pudo declarar cómo ocurrieron los hechos.

La tarde de este jueves, el féretro fue conducido al cementerio de Cajú con la familia de Franco, mientras en el centro de Río, los manifestantes, muchos vestidos de negro, fustigaron a la Policía Militar (PM), acusada frecuentemente de abusos y de corrupción, y pidieron el fin de la intervención que Temer decretó hace un mes para frenar una ola de inseguridad.

Franco denunció un incremento de la violencia policial en las favelas. Hace dos semanas, Franco asumió la función de relatora de la Comisión de la Cámara de Concejales de Río, creada para vigilar la actuación de las tropas a cargo de la intervención, algo sin precedente desde el retorno de la democracia, en 1985.

El 10 de marzo la concejal denunció en las redes sociales una operación policial en la favela de Acarí.

Con la presencia del músico y escritor Chico Buarque frente a la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro, la multitud estalló en gritos de Fuera Temer. Las protestas se extendieron a ciudades como Sao Paulo.

No acabó, debe acabar, yo quiero el fin de la Policía Militar, coreaba la multitud. El compositor y cantante Caetano Veloso entonó en Twitter: Estoy triste, tan triste, muy triste, guitarra en mano.

De las pocas veces que me falta la voz (…) Toda muerte me mata un poco. Mujer, negra, lesbiana, activista, defensora de los derechos humanos. Marielle Franco, su voz tendrá eco en nosotros. ¡Gritemos!, escribió la cantante brasileña Elza Soares.

La ola de repudio fue creciendo conforme las horas pasaban y trascendió las fronteras de Brasil en el transcurso de la jornada.

Repudio de Evo Morales

Figuras políticas como el presidente de Bolivia, Evo Morales, y la ex gobernante de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, también condenaron el asesinato, al igual que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en Brasil y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Exigimos que Brasil realice una rápida y efectiva investigación que establezca las responsabilidades materiales e intelectuales del asesinato de la defensora de los derechos humano Marielle Franco, y sancione a los responsables, tuiteó la CIDH.

Muchos rindieron homenaje retuiteando publicaciones previas de la concejala, quien un día antes denunciaba el homicidio de un joven en Río de Janeiro y preguntaba: ¿Cuántos más tendrán que morir para que esta guerra acabe?

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Anexo 2:

«El asesinato de Marielle es resultado de la militarización de Río, y por lo tanto, del golpe contra Rousseff»

Cecilia Escudero / NODAL

Nalu Faria, dirigente feminista de Brasil, califica de “ejecución” el asesinato de la activista y concejal de Rio, y denuncia  el estado de alerta en el que se encuentran las organizaciones populares del país

Brasil y el mundo amanecieron conmocionados por el brutal asesinato contra la militante feminista Marielle Franco. Era concejala por el partido PSOL, activista por los DDHH y luchaba en favor de los derechos de las mujeres y la población negra de las regiones más empobrecidas de Río de Janeiro. En la noche del miércoles, fue acribillada mientras se desplazaba en su automóvil.

Previo a su muerte, Marielle se había destacado por sus críticas contra la violencia policial, y se había opuesto a la militarización de Río, decretada por el presidente Michel Temer.

La referente feminista Nalu Faria, una de las coordinadoras de la Marcha Mundial de Mujeres que organiza acciones feministas en los cinco continentes, dialogó con NODAL desde una de las marchas convocadas en Brasil para exigir justicia por Marielle Franco. Esta dirigente nacional explica el contexto en el que se perpetró la “ejecución” contra Marielle, y relata el estado de alerta en el que se encuentran las diferentes organizaciones populares.

¿Por qué cree que asesinaron a Marielle Franco?

Marielle era una concejala de una ciudad de Río de Janeiro. Fue una de las más votadas en las últimas elecciones. Era una mujer negra, nacida y criada en la favela de Maré, una de las más grandes de Río, donde hay mucha violencia pero también hay mucha resistencia y organización popular. Era feminista y, además, hasta este momento estaba como coordinadora y relatora de una comisión para monitorear la intervención militar de Río de Janeiro. Así que todo indica que su asesinato fue una ejecución, por la manera en que fue acribillada. Asimismo lo que se exige en este momento es una investigación rápida y eficaz. Las sospechas recaen en torno al rol que ella estaba jugando en esta comisión y además por las denuncias ha hecho en la última semana sobre los abusos policiales en otra favela de Río llamada Acari.

¿Qué responsabilidad tiene el gobierno de Michel Temer?

Lo que los movimientos y la gente en general están hablando aquí en Brasil es que este asesinato es el resultado de la intervención militar de Río y, por lo tanto, un resultado del golpe. En el gobierno de Temer, desgraciadamente, se ha incrementado demasiado la violencia y la represión de la policía así como la criminalización de la lucha y la protesta. En este contexto, la gente de izquierda y Marielle en particular como militante del PSOL -de fuerte rol opositor- y muy comprometida con las luchas se convierte en blanco de estas persecuciones.

Hay una fuerte conmoción en Brasil por este brutal asesinato, ¿cómo repercute en el panorama político?

Hace mucho aquí vivimos una situación de inseguridad y, por supuesto, una de las cosas que más hace actualmente el gobierno es propagar el miedo. Algo que tiene un impacto grande en todos los sectores de izquierda. Lo mismo puede decirse de la persecución contra Lula y el intento de encarcelarlo sin pruebas. Porque todos los movimientos saben que no es solamente Lula quien está en la mira de los golpistas. El blanco justamente son también las izquierdas, los movimientos sociales, las organizaciones de mujeres, de negros y negras, de la juventud, los sindicales. Pero, claro, empezaron por Lula por todo el simbolismo que carga. Así que todo esto, sumado al inesperado asesinato de Marielle nos deja en situación de alerta.

Digo inesperado porque, por lo que trascendió, no hubo amenazas contra ella. Sí hay contra dirigentes quienes hace años están amenazados por las milicias paramilitares de Río de Janeiro y toman sus precauciones. En este momento, ya se organizaron varios actos políticos y vigilias en muchas capitales, lo que es una muestra de la respuesta que hay desde la movilización popular. Y así seguiremos por la lucha que tenía Marielle y tantos compañeros y compañeras en Brasil, y no nos vamos a dejar amedrentar y seguiremos peleando por la democracia, la justicia, y para poder transformar la realidad brasileña en favor de la igualdad. Nos movilizamos para exigir justicia por Marielle, pero también para exigir que no se siga matando. No queremos ningún muerto y ninguna muerta más.

 

 

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