Murió Otelo Saraiva de Carvalho, arquitecto de la Revolución de los Claveles

LA VOZ REDACCIÓN / AGENCIAS

Su casa en Lisboa se convirtió en el corazón del golpe de Estado que acabó con la dictadura de Salazar

Otelo Saraiva de Carvalho, uno de los capitanes militares de la Revolución de los Claveles más emblemáticos porque diseñó el plan para acabar con la dictadura salazarista, falleció este domingo en Lisboa, a los 84 años.

Saraiva de Carvalho, que falleció de madrugada en el Hospital Militar de Lisboa en el que ingresó hace quince días, según informaron medios locales que no precisaron la causa de su muerte, pasó a la historia como el hombre que diseñó el plan de operaciones militares que puso fin a la dictadura de António de Oliveira Salazar el 25 de abril de 1974.

Nacido en 1936 en Lourenço Marques, hoy Maputo, capital de la entonces colonia portuguesa Mozambique, pasó la mayor parte de su infancia y juventud en África, donde fue uno de los responsables de la inteligencia militar en Angola.

Allí empezó a tomar conciencia del problema colonial y en 1973 fue destinado a Lisboa, lo que marcaría su papel en la revolución. Su casa en la capital se convirtió en centro de reuniones y encuentros que fraguaron el golpe y fue elegido responsable del Comité Ejecutivo del Movimiento de las Fuerzas Armadas, la organización de militares que acabó con la dictadura.

Fue Saraiva de Carvalho quien diseñó y dirigió las operaciones militares que cercaron el Cuartel do Carmo, donde se encontraba el primer ministro Marcello Caetano (heredero de Salazar) y cuya rendición dictó el éxito del levantamiento.

Se convirtió así en uno de los principales rostros del 25 de Abril y formó parte del Consejo de la Revolución. Saraiva de Carvalho se alineó con el ala más radical del Movimiento de las Fuerzas Armadas y pasó tres meses en prisión por su implicación con el levantamiento izquierdista del 25 de noviembre de 1975.

Tras su salida de prisión, se presentó a las elecciones presidenciales de 1976, las primeras libres en democracia, donde quedó segundo con el 16 % de los votos, por detrás de António Ramalho Eanes. Volvería a presentar su candidatura a las presidenciales de 1980, aquella vez con solo un 1,5 % de los sufragios.

La imagen del capitán quedaría empañada años más tarde, cuando volvió a prisión por sus relaciones con la organización terrorista de izquierda Fuerzas Populares Veinticinco de Abril (FP-25), que dejó varias víctimas mortales en el país.

Saraiva de Carvalho fue acusado de ser cerebro y dirigente de la organización terrorista, un hecho que siempre negó, y pasó cinco años encarcelado en prisión preventiva en el fuerte militar de Caxias, a las afueras de Lisboa.

En el 2011, en una entrevista con la agencia Lusa, el militar se mostró decepcionado con cuestiones que todavía afectaban a Portugal, como las «enormes diferencias salariales». «No habría hecho el 25 de Abril si pensase que iríamos a caer en la situación en la que estamos actualmente», aseguró.

El militar era bígamo, como fue revelado en una biografía escrita por el periodista Paulo Moura: se casó joven y más tarde tuvo un segundo amor en la cárcel. «De lunes a jueves vive en una casa; viernes, sábado y domingo los pasa en la otra», recoge el libro.

 Figuras de todos los signos políticos de Portugal evocaron al militar Otelo Saraiva de Carvalho como símbolo histórico de la Revolución de los Claveles.

Saraiva de Carvalho fue «el capitán protagonista cumbre en un momento decisivo de la historia contemporánea portuguesa», señaló el presidente luso, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, en una nota publicada en la página oficial de Presidencia. «Todavía es pronto para que la Historia lo aprecie con la debida distancia. No obstante, parece incuestionable la importancia capital que tuvo en el 25 de abril», consideró Rebelo de Sousa.

El presidente recordó que Saraiva de Carvalho fue condenado y después amnistiado por su implicación con la organización terrorista de izquierda Fuerzas Populares Veinticinco de Abril (FP-25), y reconoció que su figura suscitó tanto «pasiones» como «rechazos» en la sociedad portuguesa.

El gobierno socialista lo definió como «uno de los símbolos» de la Revolución, un título que considera «justo», y destacó su capacidad estratégica y operativa y su papel para «abrir camino a la democracia».

Fue «el mayor símbolo individual del Movimiento de las Fuerzas Armadas» -la organización de militares que se levantó contra la dictadura-, según el presidente de la Asamblea de la República, el también socialista Eduardo Ferro Rodrigues, «a pesar de los excesos que se le puedan apuntar».

Desde el principal partido conservador, el PSD (Partido Social Demócrata, centro-derecha), su líder, Rui Rio, reconoció el papel «decisivo y valiente» del militar en la Revolución y la «conquista de la libertad». «Le compete a la historia hacer la evaluación global de todo lo que hizo bien y mal. Hoy no es el día para eso», escribió en su perfil de Twitter.

Al otro lado del hemiciclo, el Partido Comunista de Portugal (PCP) consideró que es momento de recordar su papel en el 25 de Abril, y no de «registrar actitudes y posicionamientos que marcan su trayectoria política».

La líder del Bloco de Esquerda, Catarina Martins, defendió que debe ser recordado «como uno de los libertadores del país».

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Anexo del editor de Other News (antecedentes):

Otelo de Carvalho, el ícono de la Revolución de los Claveles, el acto fundador de la democracia portuguesa

Cuando los blindados del regimiento  de Caballería Mecanizada de Santarém  encabezados por el joven capitán José Salgueiro Maia (1944-1992) ocuparon la plaza Terreiro do Paço, símbolo del poder ejercido con mano de hierro por medio siglo en Portugal, el 25 de abril de 1974 comenzaba el golpe de Estado más singular de la historia mundial: militares levantados en armas para imponer la democracia por la fuerza.

Aquella madrugada de abril,  los soldados partieron a la guerra con los ojos puestos en la paz en África. Fue el día más largo que vivió Portugal y el más corto para el dictador Marcello das Neves Caetano (1906-1980), despertado a las 05:00 horas por su jefe de gabinete para comunicarle la noticia fatal:  «la revolución está en la calle».

En 1973  aparece un grupo de jóvenes capitanes, sin ligazón a ningún partido o movimiento político clandestino, decididos  a avanzar hacia una arriesgada acción de liberación y de implantación de la democracia.

Su único propósito declarado desde la fundación del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), era “devolver el poder al pueblo”, sin que los militares pretendiesen conservarlo para ellos. A través de toda la historia, es posible a modo de excepción, encontrar militares demócratas que intentaron derribar dictaduras, pero no lograron vencer a la máquina represiva. En Portugal lo consiguieron sin eternizase en el poder.

Esta es una diferencia fundamental para corregir el error en que incurren muchas veces historiadores, analistas y periodistas, al comparar la Revolución de Abril portuguesa con algunos militares con inquietudes sociales con tendencias de izquierda que accedieron al poder, como en los caso de Velazco Alvarado en Perú, Omar Torrijos en Panamá o Rodríguez Lara en Ecuador, pero que lo conservaron mientras pudieron.

No fue el caso en Portugal, donde el proceso siempre tuvo la marca de la generosidad y el desprendimiento del poder. El plazo de un año para celebrar elecciones fue escrupulosamente cumplido.

Al derribar la dictadura impuesta en 1926 por los mariscales Antonio de Fragoso Carmona y Manuel Gomes da Costa y a partir de 1932 por el  ministro de Finanzas del régimen, Antonio de Oliveira Salazar (1889-1970), la revolución de 1974 desencadena el gran legado de conducir el país hacia una fase inédita en Portugal: la libertad, la democracia y el respeto por los derechos humanos.

La conspiración había comenzado entre julio y agosto de 1973, con una reunión en Bissau, ex Guinea Portuguesa,  capitanes, tenientes y suboficiales, en especial sargentos, y se llega al rápido consenso de que las FFAA estaban desprestigiadas frente a la ciudadanía.

En las primeras reuniones, los jóvenes oficiales concuerdan en que la institución es vista como un sostén de un régimen opresor, que no encuentra soluciones políticas en las guerras coloniales de África y aislado internacionalmente.

A partir de allí, todo comienza a ocurrir de manera vertiginosa. Se designa a los capitanes Vasco Lourenço, Otelo de Carvalho y el mayor Vítor Alves (1935-2011) como el trío coordinador de la conspiración.

A inicios de 1974, entre los que se unen a los capitanes, aparece el mayor de ejército Ernesto de Melo Antunes (1933-1999), cuyas conocidas dotes intelectuales, le hacen depositario de la confección del programa del MFA, fundamentalmente basado en las llamadas “tres D” :  Democratizar, Desarrollar, Descolonizar, que reemplazarían a las tres “F” del salazarismo: Fútbol, Fado y Fátima.

Desde la madrugada del 25 de abril de 1974, la coordinación de las operaciones de todo el país y las entonces provincias de ultramar, procedía del puesto de comando de Pontinha, en Lisboa, a cargo de Otelo de Carvalho.

El  comandante operacional de las acciones del 25 de abril de 1974, fue considerado hasta su muerte el domingo como el ícono de la revolución. Poco después del golpe, se creó el  Comando Operacional del Continente (COPCON), una suerte de fuerzas encargadas de la salvaguardia de la revolución, dirigido por el emblemático mayor,  graduado general de división para desempeñar esa función y la de gobernador militar de Lisboa.

Otelo de Carvalho fue el rostro mediático de la revolución portuguesa. Al finalizar el período revolucionario, continuó defendiendo sus ideas, que le costaron ir a prisión entre 1984 y 1989, acusado de pertenecer a grupos armados de extrema izquierda.

Durante el proceso revolucionario, como comandante del COPCON y miembro del Consejo de la Revolución, Otelo defendió siempre la democracia directa, donde el pueblo elija a sus representantes sin pasar por las cúpulas partidarias.

Pese a que el coronel de artillería Otelo Nuno Romão Saraiva de Carvalho en sus últimos años de vida se describió como «un feliz abuelo octogenario», nunca perdió el ímpetu revolucionario que lo caracterizó como el oficial encargado de la coordinación operacional del golpe.

Un coronel que siempre mantuvo intacta su alma de capitán.

M.Dujisin, 27.07.2021