Rusia e Irán frente al nuevo plan de Erdogan para invadir Siria

Por Nazanín Armanian*

Por fin, Tayyeb Erdogan pudo encontrarse con Vladimir Putin (y en Teherán, que no en Moscú o Ankara), después de que el presidente ruso rechazara su oferta de mediación en la guerra ruso-ucraniana: con quien debe negociar es con su «homólogo», el presidente de EEUU, que no con el jefe de una potencia media.

Las discrepancias resaltadas durante la celebración de la tercera cumbre del Proceso de Astaná (nombre de la capital de Kazajistán, que significa «La corte real» en persa), formado para restablecer la paz en Siria, demostraron que no se trata de un «eje estratégico» constituido por Rusia, Turquía e Irán, sino más bien de una fórmula para avanzar en sus relaciones bilaterales: hay demasiados actores en el escenario sirio para que pequeñas iniciativas consigan acuerdos serios, de allí también el fracaso de las conferencias de Sochi y de Ginebra.

En la cumbre de Teherán, Bashar Al Asad no estuvo invitado. En su lugar el ministro de Asuntos Exteriores sirio Faisal Mekdad viajó a Irán para pedir que se impidiera el ataque de Turquía contra Siria para ocupar Alepo.

A estas alturas, y en un entorno regional e internacional agitado y lleno de incertidumbres, pedir paz para Siria sería una demanda maximalista. Con que se evitara que el desgarrado país eurasiático y su sufrida gente vuelvan al punto cero sería mucho: de cuando en 2011, tres conflictos se convergieron para desmantelar el Estado sirio, y provocar la huida de millones de personas de sus hogares.

Y este fue, justamente, el centro del debate del encuentro de Teherán: ¿Qué hacer para que Erdogan desistiera de su anunciada invasión a la zona kurda de Siria, si ninguna de las reuniones de Astaná pudo contener los ataques anteriores?

¿Qué busca Turquía en invadir a Siria?

Desde 2016, el ejército turco, ha agredido tres veces al pequeño país, lo que provocó la muerte de cientos de sirios, principalmente kurdos, y forzó el desplazamiento de decenas de miles. Hoy, junto con los grupos «yihadistas» que patrocina, mantiene ocupada la gobernación de Idlib, -acoge a unos 3 millones de desplazados-, y se niega a devolverla a Damasco, que solo controla cerca del 60% del país. El resto, las zonas orientales ricas en petróleo, lo dominan EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido y Turquía

Y, ¿por qué ahora?

Turquía, que sigue sin reconocer la soberanía siria, se preparar para ocupar las ciudades de Tel Rifaat, Kobani, Ain Issa y Manbij, con el objetivo de crear lo que llama «una zona de amortiguación» de 30 kilómetros de profundidad a través de su frontera con Siria. Pretende:

Desmantelar la autonomía kurda.

Aprovechar la retirada de buena parte de los efectivos rusos, enviados a la guerra de Ucrania, con el fin de ocupar y anexionar el norte de Siria, rica en petróleo y trigo.

Teme que las fuerzas de Irán reemplacen a las rusas, a pesar de que continuamente están bajo el fuego de los aviones israelíes, otro de los ganadores de esta guerra.

Bajo el pretexto de «devolver a los 3,6 millones de refugiados sirios a sus casas», intenta satisfacer al sector xenófobo de la sociedad turca de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.

Arabizar la población del norte de Siria, en perjuicio a los kurdos.

Expandir el poder militar, política y económica, comercial del imperialismo turco

Nadie quiere a Turquía en Siria

Rusia, el primero; sin embargo, la guerra de Ucrania ha aumentado el peso de Turquía ante Moscú, lo que inquieta a Damasco, a los kurdos, a Teherán y a Washington. Erdogan, al igual que los dirigentes de los destacados países del mundo (China, India, Brasil, Arabia Saudí, Egipto, Indonesia, entre otros) no ha seguido las sanciones de EEUU y Europa contra Kremlin. Por lo que, en la declaración final del encuentro de Teherán, los tres se oponen a: » las agendas separatistas» y «las iniciativas ilegítimas de autogobierno». Rusia ha conseguido sus propósitos en este país y puede negociar otras cuestiones.

Cierto es que Irán no quiere una autonomía kurda en la región, pero de ninguna manera quiere que su deseo se cumpla gracias a la ampliación del dominio de los turcos. Aun así, para el clérigo todo es negociable: hasta los pecados se borran pagando. Teherán está molesto por el muro que Turquía ha levantado en la frontera para impedir la salida de cientos de miles de afganos que pretenden llegar a Europa; tampoco está feliz con la cooperación entre los servicios de inteligencia turcos, el MIT y el Mossad para desactivar los planes de los agentes islámicos en atentar contra los turistas israelíes

EEUU, al que Erdogan acusa de armar a los «terroristas kurdos», quiere una Turquía con demasiada influencia en Eurasia, el «Heartland», Corazón del Mundo. Ha invertido mucho en la destrucción de Siria para ahora entregarla al descontrolado Erdogan: Justo en 2011 cuando mandó a Robert Ford de embajador en Damasco los coche bombas empezaron a estallar: venía de Irak, donde en 2004 y junto con John Negroponte (el organizador de los Escuadrones de Muerte de Honduras), crearon la replica de estos matones en el país mesopotámico. ¿Y saben dónde fue enviado después? A Egipto para abortar la Revolución de Tahrir, entregándola a los Hermanos Musulmanes (lo mismo que EEUU hizo en Irán del 1978 en alianza con el jomeinismo). EEUU, que no sabe qué hacer con los kurdos sirios: su plan de crear un estado kurdo independiente, al principio con la parte siria e iraquí, ha sido aparcado. Ahora, un Biden sin fuerzas, que para más inri fracasó en su tour por Oriente Próximo, prefiere no tocar el mapa sirio y le ha pedido al presidente turco que se espere. Reino Unido y Francia también están expandiendo su presencia militar en Manbij para rechazar tanto la entrada del ejército sirio como una invasión turca.

Para agredir a Siria, a Turquía le basta la neutralidad de Rusia o de Irán y el permiso de EEUU, la potencia que mantiene ocupada el norte de Siria. La pregunta es: ¿Cuándo y a cambio de qué Biden permitirá a Erdogan anexionar esta región?

Las relaciones bilaterales se refuerzan

Aunque los precios bajos del petróleo ruso están perjudicando a Irán, que ya vendía su Oro Negro con descuento, Putin quiso consolar a los iraníes con un contrato de inversión de Gasprom de 60.000 millones de dólares y el suministro de 5 millones de toneladas de trigo y cereales. Putin señaló que el comercio entre los dos países aumentó un 81% el año pasado. Para los que no entendíamos las razones del amor apasionado que profesan los ayatolás hacia el líder ruso, y en esta visita volvieron a expresarlo, el señor Akbar Velayati, asesor en asuntos internacionales del caudillo Ali Jamenei, desvela el misterio: «En el pasado, los gobernantes del Kremlin eran impíos y ateos, y ahora, desde el presidente hasta el nivel más bajo, son cristianos o musulmanes, y van a iglesia y mezquita».

Por su parte, Turquía, país de la OTAN, ha conseguido preservar su relación tanto con Moscú como con Kiev, e incluso con Irán, colocándose en los campos de batallas internacionales con un chaleco antibalas. Como ningún otro jefe de Estado, Erdogan ha sabido aprovechar la posición geográfica y política de su país combinando el pragmatismo con los modales orientales para hacer lo que le da la gana. La salida de Rusia de Siria significa la desaparición de un decisivo mediador y gestor en este complejo escenario, que consiguió impedir choques militares directos entre los estados involucrados.

Ahora, este peligroso hombre, que es capaz de engatusar a casi todo el mundo, puede convertir Siria en una bola de fuego justo en el punto que une Asia con Europa.

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*Nazanín Armanian es iraní, residente en Barcelona desde 1983, fecha en la que se exilió de su país. Licenciada en Ciencias Políticas. Imparte clases en los cursos on-line de la Universidad de Barcelona. Columnista del diario on-line Público. Fuente:  http://www.nazanin.es/, Público.es