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¿Tiene remedio el tema de los migrantes y/o refugiados?

Pedro Salmerón Sanginés – La Jornada

No. No en el actual sistema mundo capitalista, dice Slavoj Zizek

Los mexicanos mirábamos el fenómeno migratorio (migración económica) como país expulsor… Las clases medias urbanas veíamos los toros desde la barrera, sin terminar de ser conscientes de que sin las remesas de millones de mexicanos, muchísimos de ellos ilegales, nuestra economía ya se habría ido a pique y no tendríamos las comodidades de que gozamos. Pero yo, criado en un barrio popular de Celaya, Guanajuato, tengo amigos de la infancia que viven en Estados Unidos y desde allá mantienen a sus familias. Todos tienen un pariente, un amigo en esa situación.

De pronto, veo aparecer entre esa clase media una explosión virulenta de xenofobia ante el cruce de unos pocos miles de migrantes hondureños y salvadoreños, a quienes el gobierno mexicano quiso impedir el paso y tratar colectivamente como los ha tratado individualmente desde hace años.

Esa xenofobia, ese miedo al otro, esa tontería de nos van a quitar nuestro trabajo, primero atendamos a nuestros pobres son los lineamientos básicos del populismo de derecha, como lo define Slavoj Zizek (1), quien ha dado vida al trumpismo en el país vecino (cuyas voces repiten como ecos esos sectores clasemedieros mexicanos) y el neofascismo europeo.

Porque en la raíz del fascismo (como en la del populismo de derecha definido por Zizek) está el miedo artificial al otro y la transpolación de la lucha de clases. El obrero o el agricultor de clase media baja, blanco anglosajón y protestante que votó por Trump porque lo han convencido de que el enemigo es el liberal que a través de intervenciones federales socava el verdadero modo de vida estadunidense; y el migrante latino, que amenaza sus empleos, y la verdadera “raza americana”. Ese obrero o granjero conservador vota por mantener los privilegios de la oligarquía y en favor de su propia ruina económica.

Las soluciones fascistas o de derecha a la migración pretenden mantener el sistema imperante, y con ello, el saqueo y la opresión de los países y regiones que expulsan a sus crecientes remanentes humanos, sobrantes, a los pretendidos paraísos donde la opresión va disfrazada. Las soluciones liberales son también un callejón sin salida: sin la prohibición de la libre circulación de las personas en este mundo donde circulan libremente las mercancías, desaparecerían sus paraísos donde la realidad brutal de la explotación y la dominación violenta, pasea disfrazada de lo opuesto, de libertad, igualdad y democracia.

¿Qué hacer? Mientras no se rompa este modelo económico, cualquier solución es cosmética. La única manera de evitar las grandes corrientes migratorias y el llamado choque de civilizaciones, consiste en emprender un cambio económico radical que elimine las condiciones que crean refugiados, es decir, “el capitalismo global actual… y sus juegos geopolíticos”.

¿Cómo? Buscando de manera organizada el bien común.

Cuando yo era joven, el intento organizado de regular el bien común se llamaba comunismo. Quizá deberíamos reinventarlo. Dentro del capitalismo realmente existente hay cuatro antagonismos ineludibles: la amenaza de una catástrofe ecológica; el fracaso de la propiedad privada para integrar a su funcionamiento la llamada propiedad intelectual; las implicaciones socioéticas de los avances tecnológicos, y por supuesto, “las nuevas formas de apartheid, los nuevos muros y los nuevos suburbios”.

Contra la exclusión y frente a estos desafíos que en el modelo capitalista son para Zizek callejones sin salida, ¿cómo entender hoy el bien común?

“El bien común de la cultura… El bien común de la naturaleza exterior… El bien común de la naturaleza interior.”

Las luchas para defender estos bienes comunes comparten la conciencia del potencial destructivo del capitalismo, quizá hasta el punto de la autodestrucción de la propia humanidad.

Lo que hay que recuperar, pues, es la lucha de clases, y la única manera de hacerlo es insistir en la solidaridad global con los explotados y oprimidos. Un día después de los atentados de París en 2015, un refugiado comentó: “Imagine… que el estado de tensión que impera hoy aquí sea una característica permanente de la vida cotidiana”.

Quizá la solidaridad global sea una utopía, pero si no luchamos por ella, entonces estamos realmente perdidos y merecemos estar perdidos.

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(1) Slavoj Zizek,  La nueva lucha de clases: los refugiados y el terror: la nueva lucha de clases. Barcelona, Anagrama, 2016.  Slavoj Žižek es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural ex yugoslavo, hoy esloveno. Es director internacional del Instituto Birkbeck de Humanidades de la Universidad de Londres.

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Caravana migrante, crisis humanitaria

José Murat – La Jornada

La caravana de migrantes proveniente de Honduras y otros países de Centroamérica es un desafío a las democracias de los países de tránsito y para la nación a la que aspira arribar. Es mucho más que el resguardo hermético o la eventual porosidad de soberanías territoriales, es una crisis humanitaria que reivindica el derecho de migrar de quienes huyen de la pobreza, la represión y la violación sistemática de los derechos humanos en las naciones de origen.

Es un contingente de entre 5 y 6 mil migrantes, cifra que podría crecer a pesar de los centenares que han decidido regresar, pero el dato contundente es que casi la mitad de ellos son niñas y niños, además de muchos adultos en condiciones físicas y de salud deplorables para hacer un recorrido de miles de kilómetros hasta la frontera con Estados Unidos.

Lo más reprobable de todo es el uso político de un hecho humano trágico, la exacerbación de la xenofobia y el racismo del gobierno estadunidense, y especialmente de quien lo encabeza para atraer los reflectores de los medios con la bandera de un nacionalismo excluyente y primitivo.

El presidente estadunidense, Donald Trump, ha afirmado, sin ofrecer pruebas, que desconocidos de Oriente Medio se han mezclado entre los migrantes centroamericanos que se desplazan en la caravana hacia la frontera sur de su país. Coge tu cámara, ve al medio y busca. Encontrarás a miembros del MS-13, encontrarás gente de Oriente Medio, encontrarás de todo. ¿Y sabes qué? No vamos a permitir que entren en nuestro país, queremos seguridad, ha dicho en sus conferencias de prensa.

La embestida mediática se da en el marco de las elecciones legislativas de ese país, para revertir la ventaja de los candidatos del Partido Demócrata, según varios estudios de opinión.

La estridencia de la administración trumpista no deja dudas del fondo an-timigrante y del formato político:

El presidente estadunidense vincula la caravana de migrantes hondureños con las elecciones del 6 de noviembre al afirmar que “los demócratas están en favor de dejar que el crimen entre a nuestro país con fronteras abiertas, porque muchas de esas personas… un gran porcentaje de ellas son criminales y quieren venir a nuestro país… Y eso no ocurrirá en mi mandato. No sucederá”.

El mismo tono refractario y exagerado se ha percibido de los demás funcionarios de ese gobierno: Estamos rápidamente llegando a un punto que parece ser un momento de crisis: cifras récord de migrantes, ha dicho el secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, en su visita a Ciudad de México, cuando una cifra semejante de personas emigran todos los días de un país latinoamericano a otro cuando hay problemas políticos o crisis económica.

En consonancia con esta concepción, el Pentágono prepara el despliegue de cerca de 800 efectivos adicionales en la frontera con México, que se sumarían a los 2 mil de la Guardia Nacional que ya están en operaciones desde abril pasado.

A juicio de analistas y voceros del Partido Demócrata, la administración trumpista está explotando el tema de esta caravana para exacerbar el miedo hacia los inmigrantes y estimular a sus seguidores para que salgan a votar por sus candidatos en las elecciones legislativas en puerta.

Para la oposición interna a esa administración de derecha, están tratando de desviar la atención sobre el desmantelamiento del Estado de bienestar, la reducción de derechos sociales de los sectores más desfavorecidos y, en contrapartida, la reforma fiscal que beneficia a los deciles de la población más altos en ingresos, y convertir a esta caravana en el tema central de las elecciones legislativas.

En efecto, para citarlos textualmente, el Presidente está desesperado por cambiar el tema de la atención médica a la inmigración porque sabe que la atención médica es el problema número uno que preocupa a los estadunidenses, dijeron en un comunicado la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata del Senado, Chuck Shumer.

La politización de una tragedia humana la resume puntualmente Frank Sharry, jefe del grupo proinmigración de America’s Voice en Washington: El gobierno de Donald Trump no está interesado en solucionar el problema de la inmigración, está interesado en explotarlo.

De nuestra parte, qué bien que el gobierno mexicano no haya cedido a las presiones para erigir un bloque infranqueable y monolítico al ingreso de los migrantes centroamericanos y haya, por el contrario, planteado una propuesta para permanecer en el territorio nacional, una propuesta a analizar por los beneficiarios, pero en el ánimo claro de no violentar sus derechos humanos.

Mal hubiera sido ceder a las presiones de cualquier gobierno, y de sectores conservadores internos, siendo México un país impulsor de la Convención Internacional sobre Trabajadores Migrantes y sus Familias. Un país, además, emblemático por su tradición de asilo, ante perseguidos políticos y ante quienes huyen del hambre y las condiciones de implosión social de sus naciones de origen.

Caravana de migrantes centroamericanos, un tema humanitario no político, y mucho menos político-partidista como ahora ocurre, en su tratamiento, en Estados Unidos.

 

 

 

 

 

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