Por Juan Antonio Sanz* – Público.es
El canciller alemán quiere movilizar a la opinión pública contra un enemigo exterior para justificar sus errores políticos e impulsar la industria bélica como nuevo gran motor de la economía del país.
El canciller alemán, Friedrich Merz, y su Gobierno conservador no levantan cabeza y la mejor manera de eludir responsabilidades es echar balones fuera y desviar la atención alertando sobre la amenaza rusa y acusando a Moscú de desplegar una «guerra encubierta» y «ataques híbridos» contra Alemania, como señalan los servicios secretos germanos.
Los recientes fracasos del partido de Merz en los comicios regionales confirman su caída en picado en las encuestas y el auge de la extrema derecha; en el ámbito económico las cosas no van mejor y este martes se anunció que los pedidos industriales en Alemania se hundieron un 10,6% en agosto. Merz quiere movilizar a la opinión pública de su país contra el enemigo exterior para así justificar sus errores políticos e impulsar la industria bélica como nuevo gran motor de la economía alemana.
La caída de los pedidos industriales, que rompió una tónica de tres meses al alza, no es la única mala noticia económica de los últimos días en Alemania. La Oficina Federal de Estadística del país (Destatis) informó el viernes de que el déficit del Estado alemán subió en el primer semestre de 2026 a 98.800 millones de euros, un 68% más que en ese mismo periodo del año anterior, cuando alcanzaba los 58.500 millones de euros. En esas cifras se advierte el esfuerzo extra que está dedicando Alemania a contener el impacto de la subida de los precios de la energía derivados de la guerra de Irán.
Una crisis en marcha y con pocas salidas
A la incertidumbre en el sector industrial alemán, se añaden los fallos estructurales en la industria del automóvil, tocada por la ruptura de relaciones económicas con Rusia, donde se fabricaban muchos autos de marca alemana, o al cierre de la espita del gas barato ruso. En tales circunstancias, la inflación se dispara y el desempleo empieza a mostrar su hocico.
Uno de cada cuatro empleos en este país depende precisamente de la industria, de ahí que los datos comunicados este martes sean alarmantes. Además, las empresas alemanas han perdido mucha competitividad en los sectores automovilístico (arrolladas por China y Estados Unidos), la maquinaria y la industria farmacéutica. Los analistas han llegado a subrayar que esa competitividad es la peor desde la posguerra, antes del despegue económico de Alemania.
Poco ayuda la incapacidad de Merz para equilibrar los presupuestos. El déficit fiscal podría dispararse este año hasta el 3,7% del PIB y en 2027 hasta el 4,3%, muy por encima del límite del 3% determinado por el Pacto de Estabilidad del euro.
Esa fijación con el rearme ha endeudado mucho más al país y las perspectivas son poco halagüeñas ante la intención de convertir a Alemania en el país con más inversiones en defensa de Europa y hacer del Ejército germano el más poderoso en la OTAN, tras el de Estados Unidos. Con esta perspectiva, el vilipendio de Rusia y el aporte alemán a Ucrania, en armas y dinero, vienen al dedo para propulsar esa industria militar, en detrimento de la atención sanitaria, las políticas sociales y el apuntalamiento del resto del tejido industrial del país.
Los economistas alemanes apuestan por centrar los esfuerzos en el progreso tecnológico como motor económico del país, pero Merz y su Gobierno alineado con el militarismo de Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, optan por las armas y la tecnología militar como prioridad. Y para impulsar este sector se necesitan enemigos externos, esto es, Rusia.
El batacazo electoral de los conservadores de Merz
Las consecuencias de esta estrategia ya se han hecho notar en los resultados catastróficos para la coalición en el poder de las últimas elecciones regionales y locales celebradas en septiembre, en una debacle política que reafirman las nuevas encuestas. El último sondeo publicado por el diario Bild y elaborado por el instituto demoscópico INSA, citado por la agencia EFE, sitúa a la coalición de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de Merz, y a su aliada, la Unión Socialcristiana (CSU), con el peor porcentaje histórico de apoyo, ampliamente superados por los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD).
La entente de la CDU con la CSU apenas obtiene un 18% de intención de voto, frente al 30% de la AfD. En las últimas elecciones generales, en febrero de 2025, la Unión consiguió el 28,5% de los votos y AfD el 20,8%. «¡La Unión en mínimos históricos; AfD en máximos históricos!», señala el titular de Bild. La encuesta indica que el también gubernamental Partido Socialdemócrata de Alemana (SPD) tendría un 14% de apoyo en caso de celebrarse unas elecciones en estos momentos, el mismo porcentaje que Los Verdes y algo más que La Izquierda, con su intención de voto en el 10%. Estos dos grupos suben en sus expectativas respecto a los comicios del año pasado.
El enemigo a las puertas
Con semejante panorama, Merz no tiene ningún escrúpulo en echar mano de su animadversión hacia los rusos para intentar aglutinar apoyo popular y justificar el dispendio militar en unos momentos en los que la economía del país no da para más, desangrada asimismo por los ingentes recursos financieros aportados a la guerra contra Rusia en Ucrania.
«Moscú no sólo nos pone a prueba con ataques híbridos, sino también con la propaganda que difunde en Alemania y en otros países de Europa, con el apoyo además de partidos extremistas que aquí se erigen en portavoces de Moscú», espetó Merz el lunes en una rueda de prensa junto al primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevičius.
Merz acusó al Kremlin de intensificar «de forma masiva» una estrategia «de expansionismo y revisionismo» hacia el Báltico, además de la hostilidad manifiesta hacia Alemania.
Tan alarmantes declaraciones las hizo Jäger ante la Cámara Baja del Parlamento alemán, donde defendía un incremento en el presupuesto de los servicios de inteligencia. «Rusia libra una guerra encubierta contra nosotros. Esta guerra no declarada no puede enmarcarse en las categorías militares o jurídicas habituales», explicó Jäger, quien situó al presidente Vladímir Putin en el epicentro de ese huracán que azota a Alemania con drones fantasma, propaganda prorrusa y ciberataques con origen supuestamente en territorio ruso.
«Son, sin duda, acciones rusas selectivas y de bajo impacto contra determinados estados miembros de la OTAN», entre ellos Alemania y las repúblicas bálticas, refirió el responsable del espionaje germano. Jäger habló de un riesgo de atentados en Alemania «real y actual», con origen en el Kremlin o en ciertos aliados que puede tener en Occidente.
Se estaba refiriendo Jäger, al igual que lo hizo Merz horas después, a las violaciones del espacio aéreo de países de la OTAN con drones y algunas aeronaves tripuladas por parte del Ejército ruso. Moscú ha negado cualquier intención bélica en las posibles infracciones en el cielo de la OTAN y ha recordado que las operaciones militares en curso en Ucrania pueden motivar esos errores, no solo por parte de los aparatos rusos, sino también de los ucranianos, de los que nunca se dice nada.
También ha rechazado el Kremlin las acusaciones de Alemania que atribuyen a un «ataque híbrido» ruso el dron cargado con explosivos que apareció en el aeropuerto de Leipzig el 4 de agosto sin que llegara a estallar. Este es el principal incidente que está utilizando Merz para tratar de demostrar que existen planes en Moscú para atacar Alemania.
Un oscuro panorama para el apoyo alemán a Ucrania
El nerviosismo en la Cancillería alemana es evidente. Aunque Ucrania, con misiles y drones alemanes y de otros países europeos, está golpeando con fuerza en el interior de Rusia, destruyendo refinerías y depósitos de combustible que están causando graves perjuicios al abastecimiento interno y a las exportaciones rusas, sin embargo, Kiev no acaba de torcer el brazo a Moscú para que acuda con la cabeza gacha a unas negociaciones de paz.
Al contrario, como represalia, Rusia ha lanzado una ofensiva de bombardeos sistemáticos contra las infraestructuras civiles ucranianas, especialmente las energéticas de cara al inminente invierno, que podrían poner las cosas muy difíciles para la población del país invadido.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtió este martes de que el Ejército ruso prepara de hecho «un ataque masivo» contra la retaguardia de Ucrania. Zelenski completaba así las declaraciones del jefe de la inteligencia alemana, quien vaticinó que Rusia «quiere poner de rodillas a Ucrania este invierno». Jäger añadió que son de esperar «ataques rusos de una dureza y una brutalidad como no han sido vistos antes».
Si bien las afirmaciones de Zelenski y Jäger pueden responder a un intento de conseguir más medios militares y dinero para la guerra también de otros aliados occidentales, lo cierto es que en Rusia crece la apuesta para intentar doblegar a los ucranianos en los próximos meses y, como muy tarde, en 2027.
El presupuesto de defensa ruso para los próximos tres años estima un dispendio de 600.000 millones de dólares. Ya solo en 2027 ascenderá a un 44% de ese dinero, es decir, un tercio más que el monto destinado a gasto militar para el año en curso. El año próximo es, pues, clave en los planes rusos para asestar un golpe definitivo a Ucrania que desatasque el actual empantanamiento del frente bélico en el Donbás y otras zonas del este ucraniano, y permita a Moscú sentarse a una mesa de negociación con ventaja y con los objetivos militares conseguidos.
En este contexto se sitúan también las palabras de Jäger y Merz sobre la necesidad de apoyar a Ucrania como «un interés fundamental de Alemania». El mayor problema es que la apuesta belicista germana no acaba con el fin de la guerra en Ucrania. «Es una gran ilusión creer que, con el fin de la guerra en Ucrania, el conflicto con Rusia habría terminado. No debemos caer en esa suposición», aseveró Jäger.
El IV Reich en marcha
Merz insistió en que las afirmaciones de Jäger sobre la amenaza rusa son cuestiones que el pueblo alemán «debe saber». Debería saberlas sobre todo para admitir el inmenso dispendio en el que está inmersa Alemania para sostener esa carrera armamentística con la que se supone que podrá confrontar a Rusia y a la vez reflotar su economía, con una macrocorporación, Rheinmetall, a la cabeza de esta ofensiva dedicada a fabricar drones, munición, misiles, carros de combate y artillería.
Ya hay empresas automovilísticas, como Volkswagen, que se están sumando a la cruzada armamentística impulsada por los conservadores alemanes para convertir a Alemania en la piedra angular de la industria de defensa europea y al Ejército germano en el mayor de Europa. Una cruzada en la que, por cierto, están participando empresas israelíes para replicar la Cúpula de Hierro de defensa antimisiles que tiene el Estado judío.
Con esta perspectiva, se espera que el presupuesto alemán de defensa supere este año los 82.700 millones de euros, los 105.800 millones en 2027 y alcance al final de esta década los 179.900 millones de euros. Todo ello al margen del esfuerzo común europeo en defensa, para recelo de franceses y polacos, por ejemplo.
La industria militar, impulsada por un endeudamiento sin frenos, puede ser la palanca que salve a la economía alemana del colapso. Ahora bien, no son pocos los que en Alemania y fuera de ella recuerdan que una situación parecida ocurrió en los años 30 del siglo pasado para reflotar un país en crisis. Entonces también fue Rusia uno de los demonios utilizados para impulsar el armamentismo del entonces III Reich. Algunos incluso se fijan en el auge del partido abiertamente fascista Alternativa para Alemania, mientras rememoran aquel pasado.
En Moscú lo tienen en mente y recuerdan, como hizo la semana pasada el propio Putin, que Rusia tiene armas nucleares para pararle los pies a cualquier aventurerismo militar foráneo sobre su territorio. Y de momento, ni Merz ni Rheinmetall ni Volskwagen tienen capacidad para fabricar el único tipo de armamento que puede sentenciar cualquier guerra y que cuestiona todos los miles de millones que se quieran invertir en defensa.
*Analista especializado en temas internacionales.
