Desarrollo Sostenible

África: Las deudas de la colonización

Por Eric Toussaint* – Periodismo internacional Alternativo (PIA)


Cómo el Banco Mundial transfirió las deudas de los gobiernos coloniales a los Estados recién independizados.

La descolonización de la posguerra no solo legó a los nuevos Estados independientes fronteras arbitrarias, economías extrovertidas e instituciones forjadas por la dominación colonial. En muchos casos, también les transmitió las deudas contraídas por las potencias coloniales para administrar, explotar y consolidar su dominio. Esta transferencia es uno de los aspectos menos conocidos de la historia de la deuda internacional. Sin embargo, contradice flagrantemente el derecho de los pueblos a la autodeterminación y los principios del derecho internacional que impiden que un pueblo asuma el costo de su propia colonización. Al examinar los préstamos otorgados por el Banco Mundial a los imperios coloniales de Bélgica, Francia y Gran Bretaña, y cómo se transfirieron a los nuevos Estados independientes, este artículo demuestra que estos préstamos constituyen deuda odiosa y deben declararse nulos. En un sentido más amplio, es una invitación a abrir el debate sobre las reparaciones debidas a los pueblos que sufrieron a manos de la colonización.

Las odiosas deudas del Banco Mundial con las potencias coloniales.

Diez años después de su fundación en 1944, el Banco Mundial contaba únicamente con dos miembros de África subsahariana: Etiopía y Sudáfrica (donde la mayoría negra era oprimida por una minoría blanca de colonialistas europeos). Casi toda la población africana seguía bajo dominio colonial. Cuando se fundaron el Banco Mundial (y el FMI ), más del 90 % de los pueblos y territorios del continente africano estaban bajo dominio colonial (véase el recuadro al final del artículo sobre los territorios africanos colonizados en 1944). En violación del derecho de los pueblos a la autodeterminación, el Banco Mundial otorgó préstamos a Francia, Bélgica y Gran Bretaña para financiar proyectos en sus colonias. El derecho de los pueblos a la libre determinación es un principio reconocido por diversos instrumentos internacionales (como la Carta de las Naciones Unidas de 1945, la Declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, de 14 de diciembre de 1960, los dos pactos internacionales relativos a los derechos humanos adoptados en 1966 y la Declaración de las Naciones Unidas sobre las Relaciones de Amistad, adoptada el 24 de octubre de 1970) y por numerosos instrumentos regionales.

Las colonias afectadas por los préstamos del Banco Mundial fueron, para Bélgica, el Congo Belga, Ruanda y Burundi; para Gran Bretaña, África Oriental (incluyendo Kenia, Uganda y la futura Tanzania), Rodesia (ahora Zambia y Zimbabue), y también Nigeria, a la que se añadiría la Guayana Británica en América del Sur; para Francia, Argelia, Gabón, África Occidental Francesa (Mauritania, Senegal, Sudán Francés (que luego se convirtió en Malí), Guinea, Costa de Marfil, Níger, Alto Volta –ahora Burkina Faso– y Dahomey –ahora Benín).

Como coinciden los propios historiadores del Banco:

“Los préstamos, que sirvieron para aliviar la escasez de dólares de las potencias coloniales europeas, se dirigieron en gran medida a intereses coloniales, especialmente a la minería, ya sea a través de inversiones directas o asistencia indirecta, como en el desarrollo de la infraestructura de transporte relacionada con la minería.”  [ 1 ] .

Estos préstamos permitieron a los Estados coloniales reforzar el yugo que ejercían sobre los pueblos colonizados, violando así el derecho de estos a la autodeterminación. Dicho derecho imponía al colonizador una doble obligación: abstenerse de cualquier cooperación, militar o de otro tipo, destinada a reprimir un movimiento de liberación nacional, y el deber de respaldar la descolonización y la autodeterminación, proporcionando todo el apoyo diplomático o material necesario.

Los préstamos otorgados por el Banco Mundial contribuyeron a abastecer a los centros metropolitanos de las potencias coloniales con minerales, productos agrícolas y combustible. Antes de que el Banco Mundial iniciara sus actividades, durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fabricó con uranio extraído en la provincia congoleña de Katanga las bombas atómicas que devastaron Hiroshima y Nagasaki en Japón en 1945. En agradecimiento por el uranio, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos canceló la deuda que Bélgica tenía con ellos.

Deuda colonial odiosa impuesta a las jóvenes naciones independientes

Cuando las colonias antes mencionadas se independizaron, los países del Norte que ejercían influencia en el Banco Mundial acordaron que ellas asumirían la carga de la deuda contraída durante el dominio colonial.

El ejemplo de Mauritania sirve de prueba. El 17 de marzo de 1960, Francia garantizó un préstamo de 66 millones de dólares contraído por la Société anonyme des mines de fer de Mauritanie (la Compañía de Minas de Hierro de Mauritania, conocida por sus siglas en francés, MIFERMA). Mauritania permaneció como colonia francesa solo por un breve período, ya que proclamó su independencia el 2 de noviembre del mismo año. El préstamo debía reembolsarse entre 1966 y 1975. Según el informe anual del Banco, seis años después, la Mauritania independiente le debía 66 millones de dólares.  [ 2 ] La deuda concedida a petición de Francia cuando Mauritania aún era su colonia se convirtió, pocos años después, en una deuda contraída por Mauritania. El Banco generalizó este procedimiento mediante el cual la deuda contraída por una potencia colonial se transfería al Estado recién independizado.

Cuando Bélgica se vio obligada, por una movilización popular masiva, a reconocer la independencia del Congo el 30 de junio de 1960, intentó imponer al gobierno congoleño, liderado por Patrice Lumumba, la deuda que Bélgica había acumulado a lo largo de la década de 1950 para explotar el Congo “belga”. A esto se sumaron importantes deudas que Bélgica había contraído como potencia colonial con otros acreedores cómplices de la explotación del Congo.

Lumumba se negó. Esta fue una de las razones que impulsaron a Bélgica a desempeñar un papel directo en el asesinato de Lumumba en enero de 1961.

En el caso del Congo Belga, los millones de dólares prestados por el Banco Mundial para proyectos decididos por la potencia colonial fueron prácticamente gastados en su totalidad por la administración colonial del Congo en la compra de productos exportados desde Bélgica. El Congo Belga recibió un total de 120 millones de dólares en préstamos (en 3 tramos), de los cuales 105,4 millones se gastaron en Bélgica.  [ 3 ] Para el gobierno de Patrice Lumumba, era inconcebible que esta deuda se pagara al Banco Mundial cuando Bélgica lo había contratado para explotar el Congo Belga. Las cosas cambiaron en 1965: tras el golpe militar de Mobutu, el Congo reconoció su deuda con el Banco Mundial. Como recompensa, el dictador Mobutu fue financiado sistemáticamente por el Banco Mundial hasta principios de la década de 1990. La deuda del país bajo el férreo régimen de Mobutu aumentó enormemente.

Cancelación de las deudas de las colonias africanas y de Polonia en virtud del Tratado de Versalles (1919)

La independencia política no puede significar que exista la obligación de compensar el precio de la propia dominación.

Por eso, cuando Polonia recuperó su estatus de Estado independiente tras la Primera Guerra Mundial, se decidió que las deudas contraídas por Alemania para colonizar la parte de Polonia que había ocupado no recaerían sobre el nuevo Estado independiente.

El Tratado de Versalles del 28 de junio de 1919 estipulaba:

“Quedará excluida de la parte de dichas obligaciones financieras asumidas por Polonia aquella porción de la deuda que, según las conclusiones de la Comisión de Reparaciones a que se refiere el artículo mencionado, derive de medidas adoptadas por los Gobiernos alemán y prusiano con vistas a la colonización alemana en Polonia.”  [ 4 ]

El Tratado estipulaba que los acreedores que hubieran prestado dinero a Alemania para proyectos en territorio polaco solo podrían reclamar lo que se les adeudaba a ese país y no a Polonia.

En virtud del Tratado de Versalles, el Imperio Alemán perdió los territorios que había colonizado en África y se cancelaron las deudas de dichas colonias. El bando alemán no estaba satisfecho e intentó persuadir a las potencias vencedoras para que renunciaran a esta cancelación de deuda, ya que implicaba que Alemania tendría que devolverla.

Los Aliados respondieron:

“Las colonias no deberían asumir ninguna parte de la deuda alemana, ni quedar obligadas a reembolsar a Alemania los gastos incurridos por la administración imperial del protectorado. De hecho, sería injusto cargar a los nativos con gastos que, al parecer, se incurrieron en interés propio de Alemania , y no menos injusto sería que esta responsabilidad recayera sobre las Potencias Mandatarias, las cuales, en la medida en que sean designadas fideicomisarias por la Sociedad de Naciones, no obtendrán ningún beneficio de dicha administración fiduciaria.”  [ 5 ]

Alexander-Nahum Sack, quien teorizó sobre la deuda odiosa , explica en su tratado jurídico de 1927:

“Cuando el gobierno contrae deudas para esclavizar a la población de parte de su territorio o para colonizar a esa población a través de expatriados de la nación dominante, etc., estas deudas son odiosas para la población indígena de esta parte del Estado deudor.”  [ 6 ] .

Esto debería haberse aplicado a todos los préstamos otorgados por el Banco a Bélgica, Francia y Gran Bretaña para el desarrollo de sus colonias. En consecuencia, el Banco ha violado el derecho internacional al hacer que los Estados recién independizados carguen con las deudas contraídas por sus colonizadores. El Banco Mundial, bajo la dirección de Estados Unidos y las potencias coloniales europeas, ha cometido un acto que no puede quedar impune. Dichas deudas son nulas y sin efecto, y el Banco debe responder ante los tribunales por sus acciones. Los Estados que han sido víctimas de estas infracciones deben exigir reparación y utilizar los fondos obtenidos para saldar la deuda social contraída con sus pueblos.

Se deben exigir reparaciones a las antiguas potencias coloniales, en particular ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Además, las asociaciones ciudadanas que representan a las víctimas pueden demandar al Banco Mundial, ya sea en su propio país o en un país donde el Banco tenga representación o haya otorgado préstamos.

Desde las décadas de 1950 y 1960, el Banco Mundial y el FMI han actuado como agentes judiciales en nombre de antiguos acreedores privados.

Ofrezco un análisis detallado de esto en mi libro El sistema de deuda: una historia de las deudas soberanas y su repudiación, publicado en 2017 (2019 para la versión en inglés). Desde el siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial, varios gobiernos de antiguas colonias españolas en América Latina suspendieron el pago o repudiaron sus deudas consideradas odiosas, ilegales y/o ilegítimas. Tal fue el caso de México en 1861, 1867 y 1883, de Guatemala en 1829, de Perú en 1886, de Costa Rica en 1920, de Cuba en 1902 y 1934, y de Brasil desde 1932. Estados Unidos también repudió deudas consideradas odiosas e ilegítimas en las décadas de 1830, 1865, 1870 y en 1898. En 1918, la Rusia soviética repudió la deuda contraída por el régimen zarista. Además de la ya mencionada cancelación de la deuda contraída por Alemania para colonizar territorio polaco y africano en 1919, entre 1920 y 1921 el gobierno bolchevique canceló la deuda de los tres Estados bálticos que habían formado parte del imperio zarista, así como la de Polonia, Persia y Turquía. Estas diversas cancelaciones, suspensiones de pago y repudiaciones dieron lugar a numerosos conflictos, arbitrajes y acciones unilaterales. Fue entonces cuando surgió la doctrina jurídica de la deuda odiosa, antes mencionada. Evidentemente, el Banco Mundial y el FMI actuaron para restaurar el poder de los acreedores e intentaron persuadir a los distintos Estados de que la doctrina de la deuda odiosa pertenecía a una época pasada.

Cabe señalar que, por cancelación de deuda, entendemos que un acreedor renuncia a su derecho a recibir el reembolso de un préstamo. La suspensión de pagos o la moratoria se refieren a la interrupción temporal de los pagos de la deuda. El repudio es la decisión unilateral del deudor de no pagar ni el capital ni los intereses.

Como escribe Julia Juruna en las columnas de la revista francesa Le Monde diplomatique, la primera vez que un país miembro solicita un préstamo al FMI o al Banco Mundial, estos establecen dos condiciones preliminares: el pago de las deudas internacionales pendientes y una compensación “adecuada” por los activos extranjeros nacionalizados.  [ 7 ] Según los historiadores del Banco Mundial Mason y Asher, la exigencia de que se paguen las deudas anteriores ha reavivado litigios de décadas de antigüedad entre ciertos gobiernos latinoamericanos y sus acreedores occidentales, ¡algunos incluso del siglo XIX !  [ 8 ]

Julia Juruna, basándose en su investigación, indica que:

“El caso más llamativo fue sin duda el de Guatemala, donde el Banco Mundial planteó la cuestión del pago de bonos emitidos en 1829. El país solo pudo obtener préstamos del Banco Mundial una vez que los tribunales guatemaltecos fallaron a favor de los tenedores de estos bonos, que tenían más de cien años de antigüedad.”

La negativa del Banco Mundial y del FMI a cumplir con las solicitudes de la ONU con respecto a Portugal y Sudáfrica.

Recordemos que, hasta la década de 1970, Portugal se aferró a su imperio colonial por la fuerza y ​​desafiando las resoluciones de la ONU; y que Sudáfrica mantuvo el régimen del apartheid hasta la década de 1990. Para perpetrar sus crímenes, tanto el gobierno portugués como el sudafricano contaron con la complicidad del Banco Mundial, el FMI, Washington, las antiguas potencias coloniales europeas y las grandes corporaciones privadas.

Todo esto, a pesar de las condenas expresadas por la ONU. Desde 1961, cuando la mayoría de los países coloniales habían obtenido su independencia y se habían convertido en miembros de la ONU, la Asamblea General adoptó repetidamente resoluciones que condenaban al régimen del apartheid en Sudáfrica y al gobierno de Portugal por mantener su yugo sobre varios países de África y Asia. En 1965, al ver que el Banco y el FMI persistían en su apoyo financiero y técnico a estos regímenes, la ONU solicitó formalmente:

“A todos los organismos especializados de las Naciones Unidas y, en particular, al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y al Fondo Monetario Internacional […] que se abstengan de conceder a Portugal asistencia financiera, económica o técnica mientras el gobierno de Portugal no aplique la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General y no renuncie a su política colonial, que constituye una flagrante violación de las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas”. [ 9 ] .

La Asamblea General de la ONU hizo lo mismo con respecto a Sudáfrica.

Ante estas prohibiciones, la dirección y los directores del Banco Mundial se reunieron para decidir qué postura adoptar, y la mayoría de los directores ejecutivos optó por continuar con los préstamos. La justificación que esgrimieron fue que el artículo 4, sección 10 de los estatutos del Banco le prohibía intervenir en política. Todos los países más industrializados, con el apoyo de algunos países latinoamericanos, votaron a favor de continuar con los préstamos. En 1966, el Banco aprobó un préstamo de 10 millones de dólares para Portugal y de 20 millones para Sudáfrica. Posteriormente, bajo una presión cada vez mayor, el Banco dejó de conceder más préstamos. Sin embargo, durante más de 15 años, una estructura de la ONU, el Comité de Descolonización, siguió denunciando que el Banco Mundial permitiera a Sudáfrica y Portugal solicitar financiación para proyectos en otros países.

Conclusión: La independencia política no puede significar la obligación de compensar el precio de la propia dominación.

El legado de las deudas coloniales no es una mera anomalía en la historia financiera internacional. Revela cómo las relaciones de dominación han perdurado tras la independencia política y se han prolongado mediante mecanismos de endeudamiento. Al transferir a los Estados recién independizados las deudas contraídas para asegurar su propia colonización, el Banco Mundial y sus principales accionistas han violado principios fundamentales del derecho internacional, en particular el derecho de los pueblos a la libre determinación. Estas deudas cumplen con los criterios de deuda odiosa y jamás debieron imponerse a los Estados recién soberanos.

Reconocer esta realidad histórica es más que una obligación moral de recordar; es una exigencia de justicia. Los Estados afectados tienen motivos para declarar nulas las deudas, exigir el reembolso de las sumas pagadas indebidamente y una indemnización por los daños sufridos. En términos más generales, esta historia nos recuerda que el derecho internacional no puede invocarse de forma selectiva. Los principios que permitieron la cancelación de las deudas vinculadas a la colonización alemana tras la Primera Guerra Mundial deben aplicarse igualmente a las deudas heredadas de los imperios coloniales de Bélgica, Francia y Gran Bretaña, y de las demás potencias coloniales.

En un momento en que las demandas de reparación por la esclavitud, la colonización y el saqueo de los recursos naturales ganan legitimidad en todos los continentes, la cuestión de las deudas coloniales cobra especial relevancia. Esclarecer sus orígenes, demostrar su ilegalidad y exigir su cancelación forman parte de una misma lucha: la de la descolonización inconclusa del orden económico y financiero internacional.

Algunos datos sobre las posesiones coloniales en África en enero de 1944.

En enero de 1944, seis potencias coloniales europeas (Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Portugal, España e Italia) controlaban, directa o indirectamente, el 90  % del territorio africano. Solo tres países escaparon legalmente a la explotación colonial: Liberia, Etiopía y la Unión Sudafricana, esta última gobernada por una minoría blanca que ejercía dominación política y económica sobre la mayoría negra.

A continuación se presenta una lista de los territorios africanos sometidos a la dominación colonial europea en enero de 1944. Se utilizan las denominaciones administrativas vigentes en enero de 1944.

Bélgica

– Congo belga

– Ruanda-Urundi (territorio bajo mandato de la ONU administrado por Bélgica)

Francia

África del Norte

– Argelia

– El Protectorado francés de Marruecos

– El protectorado francés de Túnez

África Occidental Francesa (AOF)

– Senegal

– Mauritania

– El Sudán francés

– Guinea francesa

– Costa de Marfil

– Dahomey

– Níger

– Alto Volta

África Ecuatorial Francesa (FEA)

– Chad

– Ubangi-Shari

– Congo Medio

– Gabón

Otros territorios continentales

– Camerún francés (territorio bajo mandato de la Sociedad de Naciones)

– Togo francés (territorio bajo mandato de la Sociedad de Naciones)

Somalia francesa

– Somalia francesa

Islas

– Madagascar

– Isla de Reunión

– Las Comoras (administradas desde Madagascar)

Gran Bretaña

África del Norte y Noreste

– Egipto (un reino independiente bajo fuerte control británico)

– Sudán anglo-egipcio

África Occidental Británica

– Gambia

– Sierra Leona

– Costa Dorada

– Nigeria

Territorios bajo mandato

– Camerún británico

– Togolandia británica

África Oriental Británica

– Kenia

– Uganda

– Tanganica (territorio bajo mandato de la Sociedad de Naciones)

– Somalia británica

África central

– Rodesia del Norte

– Nyasalandia

África meridional

– Rodesia del Sur

– Bechuanalandia

– Basutolandia

– Suazilandia

Islas

– Mauricio

– Seychelles

– Zanzíbar (protectorado)

– Pemba (protectorado)

Portugal

colonias continentales

– Angola

– Mozambique

– Guinea portuguesa

Islas

– Cabo Verde

– Santo Tomé y Príncipe

España

África continental

– protectorado español en Marruecos

– Ifni

– Sahara Español
◦ Saguia el-Hamra
◦ Río de Oro

Islas

– Fernando Pó

– Annobón

– Corisco

– Elobey Grande

– Elobey Chico
(Considerados en su conjunto, estos territorios formaban la Guinea Española )

Italia
En enero de 1944, Italia seguía reclamando legalmente estas colonias, pero varias de ellas estaban ocupadas por las fuerzas aliadas .

Colonias

– Libia (ocupada por los Aliados desde 1943)

– Eritrea (administración militar británica)

– Somalia italiana (administración militar británica)

– Etiopía (independiente desde 1941 tras la restauración del emperador Haile Selassie; la ocupación italiana había terminado)

El África Oriental Italiana (Africa Orientale Italiana), fundada en 1936 y compuesta por Eritrea, Etiopía y la Somalilandia italiana, había dejado efectivamente de existir en enero de 1944.

Estados africanos independientes

– Liberia fue creada en 1847 por antiguos esclavos afroamericanos que regresaron de América.

– Etiopía, que había estado ocupada por la Italia fascista entre 1936 y 1941.

– La Unión Sudafricana (un dominio de la Commonwealth británica), donde la mayoría negra estaba sometida al dominio de la minoría blanca de origen europeo.

Notas

[ 1 ]  DEVESH KAPUR, JOHN P. LEWIS, RICHARD WEBB. 1997. El Banco Mundial, su primer medio siglo, volumen 1, pág. 687.

[ 2 ]  BIRF (Banco Mundial), Decimoquinto Informe Anual 1959-1960, Washington DC, pág. 52; BIRF (Banco Mundial), Decimoquinto Informe Anual 1965-1966, Washington DC, pág. 79.

[ 3 ]  El hecho de que Bélgica se beneficiara de los préstamos al Congo Belga se puede deducir de una tabla publicada en el 15º Informe del Banco Mundial: BIRF (Banco Mundial), Decimoquinto Informe Anual 1959-1960, Washington DC, pág. 12.

[ 4 ]  Citado por Alexander Nahum Sack. 1927. Les Effets des Transformations des États sur leurs Dettes Publiques et Autres Obligations financières, (Los efectos de las transformaciones estatales sobre sus deudas públicas y otras obligaciones financieras) Recueil Sirey, París, p. 159. En francés.

[ 5 ]  Serie de tratados , n° 4, 1919, pág. 26. Citado por Sack, pág. 162.

[ 6 ]  Alexander Nahum Sack. 1927. pág. 158. Texto original en francés: “Lorsque le gouvernement contracte des dettes afin d’asservir la población d’une partie de son territoire ou de coloniser celle-ci par des ressortissants de la nationalité dominante, etc., ces dettes sont odieuses pour la población indigène de cette partie du territoire de l’État débiteur”. Traducido por CADTM

[ 7 ]  Julia Juruna, « Le Fonds monétaire et les banques privées. Le « gendarme » du grand capital » (El Fondo Monetario Internacional y los bancos privados. El ‘gendarme’ del gran capital.), Le Monde diplomatique , octubre de 1977, p. 1, 20 y 21. (En francés) Traducido por el CADTM .

[ 8 ]  Edward S. Mason y Robert E. Asher. 1973. El Banco Mundial desde Bretton Woods , The Brookings Institution, Washington, DC.

[ 9 ]  Doc. ONU. A/AC.109/124 y Corr. 1 (10 de junio de 1965).

*Historiador y politólogo, doctorado por las universidades de París VIII y Lieja, portavoz de CADTM International y miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

*Artículo publicado originalmente en Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM).

Los comentarios están cerrados.