Terrorismo nuclear de Israel contra Irán: Destrucción Mutua Asegurada (MAD)

Por Nazanin Armanian*

Mientras la diplomacia está consiguiendo en Viena que las delegaciones de Irán, EEUU, la Unión Europea, China y Rusia vuelvan a buscar acuerdos para reavivar el Plan de Acción Integral Conjunto sobre el programa nuclear de Irán firmado en 2015, Israel reconoce haber sido responsable de la explosión del 11 de abril en la central nuclear iraní de Natanz, a 45 metros bajo la tierra.

El ex primer ministro israelí Ehud Olmert afirma que la causa de la explosión fue la activación de una bomba que se colocó en la central iraní durante su mandato, hace más de diez años. Por su lado, la República Islámica señala como autor del sabotaje a un espía israelí que ha conseguido huir, no solo del recinto ultraprotegido y militarizado, sino del país y sus controladísimas y lejanas fronteras.

Explicaciones surrealistas, aunque muy real el hecho de que el «incidente» sucediera el mismo día que Joe Biden envió a Tel Aviv para hablar de Irán a su secretario de Defensa, Lloyd Austin (y no al secretario de Estado). Cuando Donald Trump estaba a punto de dejar la Casa Blanca decidió trasladar a Israel el centro de operaciones del mando central de EEUU (CENTCOM, por sus siglas en inglés)  para precisamente coordinar las acciones militares respecto a Irán. El atentado con bomba lupa del 7 de abril contra el barco iraní Saviz en el mar Rojo fue coordinado con el Pentágono: horas antes, el portaaviones estadounidense Dwight D. Eisenhower se alejó del lugar. En respuesta, el 13 de abril, un grupo supuestamente vinculado al ejército iraní atacó la sede del Mossad en el Kurdistán iraquí, con el resultado de numerosas víctimas. Así, Israel intensifica los golpes a las instalaciones nucleares y militares iraníes poniendo en peligro la vida de millones de personas en la región.

El Estado judío, que posee al menos 80 ojivos nucleares ilegales, demuestra que su problema con Irán no son las armas de destrucción masiva que pueda fabricar, sino un Irán inmensamente rico, grande, sólido y poderoso, capaz de disputarle la hegemonía de la región -sobre todo económica-, independientemente de quien gobierne. Su sueño es destruir esa posibilidad, como consiguió hacer con Irak, Libia y Siria, siempre con el respaldo de EEUU y otros aliados. ¿Se acuerdan cómo en 2003, año de la brutal agresión militar a Irak, George W. Bush ofreció a Libia sacarle de la lista del «eje del mal» si destruía sus armas químicas? Gadafi lo hizo, aunque aprendió, eso sí en 2011 y a punto de ser linchado por la turba patrocinada por Hilary Clinton, que nunca se debe fiar de la palabra del imperialismo.

En el mes de enero, el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz y el jefe del Estado Mayor, Aviv Kochavi, reconocieron tener preparados planes para desmantelar el programa nuclear iraní. ¿Por qué ante una amenaza de guerra de tal envergadura las instituciones internacionales no reaccionan?

¿Qué busca Israel?

  1. Sabotear las conversaciones de Viena y enfurecer a Irán para que abandone la mesa.
  2. Debilitar la posición de Irán durante las negociaciones.
  3. Provocar una contundente respuesta de la República Islámica para justificar una guerra bélica en toda regla. Tel Aviv ya no busca destruir el programa nuclear iraní, sino una guerra de desgaste. Si Teherán optara por la contención, no es descartable una operación israelí de falsa bandera para culparle, como hizo en 1951 contra el Egipto de Gamal Abdel Nasser, cuando el Mossad provocó incendios en varios centros vinculados a EEUU y Reino Unido bajo el paraguas de la ‘Operación Susannah’ (título de una ópera de Carlisle Floyd), dejando «pruebas» que implicaban a los Hermanos Musulmanes. Aquella artimaña tuvo un objetivo doble: provocar una guerra civil y una acción militar de Occidente contra Egipto. Los servicios secretos israelíes reconocieron esos hechos en 2005.
  4. Desviar la atención de los israelíes de la crisis política que ha llevado al país a celebrar cuatro elecciones en dos años, y de los escándalos de corrupción del propio primer ministro, Benjamín Netanyahu, quien sin la consigna de «¡Vienen los iraníes!» se quedaría sin discurso.
  5. Un Israel en guerra necesitaría un «primer ministro veterano» insinúa Netanyahu, que busca un mayor apoyo ante su debilidad política.
  6. Torpedear el acuerdo estratégico entre Beijing y Teherán firmado en marzo pasado para desestabilizar. Si llega a ejecutarse, este pacto cambiará el equilibrio de las fuerzas en la región en perjuicio de EEUU e Israel.
  7. Difundir el terror entre la sociedad iraní.
  8. Utilizar la farsa de la «amenaza de Irán» para ocultar la «cuestión palestina», desaparecida de las agendas internacionales. Israel, que posee una abrumadora superioridad militar y tecnológica, sabe que Irán, aun con armas nucleares, no representa ninguna «amenaza existencial».

EEUU e Israel empezaron esta guerra de desgaste contra Irán en 1980, cuando apoyaron y organizaron la invasión de Irak al territorio iraní; y la han continuado hasta hoy en sus formatos económico, político, diplomático, asesinatos selectivos, ciberataques (con el virus Stuxnet que en 2010 destruyó mil ordenadores en la central de Natanz y dejó contaminado a otros miles de diferentes industrias) y unos 200 bombardeos sobre las posiciones de Irán en Siria e Irak.

Por una coexistencia pacífica

Mohammad bin Salmán, el príncipe heredero de Arabia Saudí, que ni ha podido «ganar» la brutal guerra que emprendió en Yemen, uno de los países más pobres del mundo y que acoge una inmensa crisis humanitaria, aseguró a Netanyahu en diciembre pasado que la Fuerza Aérea saudí se estaba preparando para un enfrentamiento total con Irán.

El pulso entre los dos estados parias de la región (tanto Israel como Irán son países étnica y religiosamente diferentes del resto de naciones del entorno, que son principalmente árabes y suníes), no tiene por qué terminar en la destrucción mutua: una «coexistencia pacífica» es posible. Si EEUU y la URSS lo consiguieron, aun con sistemas políticos antagónicos, ¿por qué dos teocracias capitalistas no pueden intentarlo?

Los iraníes no necesitan industria nuclear, y no sólo porque su territorio está expuesto a incontables terremotos, sino por tener a un peligroso, agresivo e impune Israel como vecino. Según el expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad (2005-2013), su país despilfarró en el programa nuclear unos 30.000 millones de dólares, cifra elevada a 2.000 billones de dólares por Alireza Namvar, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Toronto. Por su parte, Ahmad Tavakol, un alto funcionario de Irán advierte de una posible rebelión, teniendo en cuenta que el 60% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, lo que ya ha llevado a protestas y huelgas. Los militares ultraconservadores que controlan el poder legislativo, judicial y económico, se están preparando para hacerse con el Ejecutivo en las elecciones presidenciales del próximo mes de junio, lo cual complicaría aún más un acuerdo entre las potencias mundiales y Teherán.

La ONU debe contener a Israel e Irán, y buscar fórmulas para que en vez de incendiar la región y destrozar millones de vidas, se sientan a dialogar y a obtener pactos.

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*Nazanín Armanian es iraní, residente en Barcelona desde 1983, fecha en la que se exilió de su país. Licenciada en Ciencias Políticas. Imparte clases en los cursos on-line de la Universidad de Barcelona. Columnista del diario on-line Público. Fuente:  http://www.nazanin.es/, Público.es